Nos hablan en su música: Shostakovich y Tchaikovsky en la BOS

 

 

Esta semana, la Orquesta Sinfonica de Bilbao y el violinista Ning Feng, dirigidos por Giancarlo Guerrero, interpretarán música del repertorio ruso.

Las coordenadas del programa sitúan el estreno de las obras en San Petersburgo y su concepción en un lapso de poco más de cincuenta años. Sin embargo, pese a la cercanía espaciotemporal, pudiera parecer que a estas creaciones las separa un abismo… ¿O tal vez no tanto? Sin duda, los rasgos comunes son múltiples y de ellos hablaremos en la charla previa al concierto que tendrá lugar el viernes 2 de febrero entre las 18:00 y las 19:00 hs, en la sala B1 del Palacio Euskalduna y, aún mejor, podremos disfrutarlos desde el patio de butacas.

 

OFM

 

Indicaremos aquí algunas de esas características comunes -que lo son a la mayor parte de la producción musical rusa-, destacando en primer plano que este pueblo dotado para la música siempre consideró a ésta como vehículo fundamental para la comunicación entre las personas. La idea de que el arte es una fuente de expresión que establece vínculos socialmente significativos hunde sus raíces en el clima intelectual que exhaló la Rusia del siglo XIX. Para escritores como Tolstoi y Dostoievsky y músicos como Mussorgsky o Glinka y, por supuesto, Tchaikovsky y Shostakovich (éste ya en el siglo XX), las diferentes manifestaciones artísticas suponían un inestimable medio de transmisión de sentimientos y emociones humanas. Por ello, los autores del programa de esta semana pretendieron hacernos llegar sus ideas musicales y lo que éstas llevan asociado: el contenido secreto cosido a la música.

 

Shostakovich

Dmitri Shostakovich (San Petersburgo, 1906 – Moscú, 1975)

 

“Creo que todo aquel artista que se aísla del mundo está condenado. Me parece increíble querer excluirse del pueblo que, en última instancia, constituye el auditorio. Siempre trato de hacerme entender lo más ampliamente posible y si no lo logro, lo considero mi propia culpa”

 

Esto decía Shostakovich en su afán por conectar con otros a través de su música y Tchaikovsky, a pesar de su duda perpetua y su desazón constante, afirmaba esto:

 

“Me parece que estoy verdaderamente dotado de la facultad de expresar con música -de manera verídica, sincera y sencilla- sentimientos, estados de ánimo e imágenes. En este sentido soy realista y un hombre esencialmente ruso”

 

Tchaikovsky

Piotr Ilich Tchaikovsky (Votkinsk, 1840 – San Petersburgo, 1893)

 

 

OFM

 

Por otra parte, el repertorio ruso siempre ha mantenido ese halo atrayente de lo salvaje enlazado a la civilización, en una feliz paradoja que enfrentaba la resistencia tenaz a toda influencia exterior con el ansia de zambullirse de lleno en la fecunda corriente extranjera.

Otras cualidades comunes las encontramos en los propios parámetros que constituyen el lenguaje musical ruso –del cual son brillante paradigma Shostakovich y Tchaikovsky. En primer lugar, el manejo de la orquestación en todo su poderío y en todos sus matices, el gusto por los ritmos excitantes -sugeridos o fuertemente marcados-, la predilección por las formas directas basadas en la repetición y en la secuencia y la utilización exuberante de temas populares y de giros de aroma original.

Además podemos encontrar una semejanza entre ambos compositores de índole biográfica: los dos tuvieron padres ingenieros (el de Shostakovich fue, además, químico) y madres pianistas (diletante la de Tchaikovsky, profesional la de Shostakovich) y el ambiente familiar melómano de uno y otro favorecía el desarrollo de sus talentos. Además, tanto uno como otro nacieron en la Rusia imperial de los Romanov, si bien es cierto que no en el mismo momento histórico…

Pero una de las coincidencias más sugerentes en el ámbito de lo personal y privado es la extraordinaria manera que tuvieron ambos de sublimar su alma en su música, haciendo que por los poros de sus pentagramas transpiraran sus miedos, sus deseos, sus inquietudes y sus ideas y pasiones inconfesables. La música les permitió respirar y contar lo que no pudieron decir con palabras.

 

OFM

 

Dmitri Shostakovich, uno de los músicos más polifacéticos y sobresalientes del siglo pasado y con tanto que enseñar, fue apartado de la docencia y condenado a un limbo desquiciante y a un silencio irracional por Stalin y sus secuaces. Su música, fue retirada de los programas e injuriada por analistas ignorantes. El Concierto para violín nº 1 en la menor había permanecido mudo desde que fuera escrito entre 1947 y 1948, a la espera de tiempos más favorables para su escucha. El 29 de octubre de 1955 este concierto se hizo sonoro gracias a la Orquesta Filarmónica de Leningrado, a la batuta de Evgeny Mravinsky y a las prodigiosas manos de David Oistrakh, quien con su amistad inquebrantable había acompañado a Shostakovich en los momentos oscuros y había estimulado la composición de la partitura.

En este enlace podemos escuchar una versión histórica con el propio David Oistrakh y la orquesta de la Staatskapelle de Berlin, dirigida por Heinz Fricke. La versión está acompañada de numerosas fotografías de Shostakovich, Oistrakh y Mravinsky:

 

 

 

 

Escrito para sí mismo, a sabiendas de que no iba a ser estrenado, el concierto es una obra personal, profunda y sensitiva

 

 

OFM

 

Décadas antes, una pátina de urbana gentileza maquillaba en Piotr Ilich Tchaikovsky la desesperación, casi congénita, que él mismo verbalizaba en una carta a su hermano Anatol: “Lamentando el pasado y confiando en el futuro, sin estar nunca satisfecho del presente: así ha transcurrido mi vida”. Para el atormentado compositor la música fue, a un tiempo, obsesión y alivio de la obsesión. La Sinfonía nº 6 en si menor Op 74 fue estrenada en la Sociedad Musical Rusa de San Petersburgo el 28 de octubre de 1893, bajo la dirección de su autor que moriría solo unos días después. En opinión de su hermano Modest, Tchaikovsky quiso con esta sinfonía “exorcizar todos los sombríos demonios que le poseían desde hacía largo tiempo”.

Pero esta obra es mucho más que puro pathos: “Habrá muchas innovaciones formales en esta sinfonía” escribió el compositor a su sobrino Bobik, a quien la obra está dedicada. Y en efecto, la partitura supuso un originalísimo tratamiento del género y es un radiante ejemplo de la musa inspirando la escritura sinfónica.

En este enlace podemos escuchar otra interpretación rusa, la de Yuri Temirkanov al frente de la entonces Kirov Orchestra (hoy Mariinsky):

 

 

 

 

OFM

 

 

Más información sobre el concierto en:

https://bilbaorkestra.eus/conciertos/bos-10-2017/#tab-1

 

 

La música como catarsis y como modo de vida. Shostakovich y Tchaikovsky haciéndonos partícipes de ambas. Disfruten escuchando lo que nos cuentan en sus notas y lo que late escondido entre ellas.

 

 

 

Anuncios

Desde Rusia, con corazón

 

 

Todo empezó con un final. La caída del zarismo supuso el principio de la larga travesía vital que iniciaron, aunque de forma distinta, los dos compositores cuya música podremos disfrutar esta semana en Bilbao, en el concierto que la BOS ofrece los próximos días 12 y 13 de mayo a las 19:30 hs, en el Auditorio del Palacio Euskalduna. Actuará como solista al piano, Marta Zabaleta y la dirección correrá a cargo de Yaron Traub.

Dado que el concierto forma parte del Abono Iniciación, el jueves 12 entre las 18:00 y las 19:00, en la sala B Terraza del Palacio Euskalduna, tendré el gusto de comentar las obras del programa, en una charla de acceso libre con la entrada al concierto.

 

Rachmaninov y Shostakovich recorrieron el camino abierto por la Revolución rusa en sentidos opuestos, pero ambos con la intensa humanidad que impregna su obra de sensibilidad y certeza.

De las composiciones de estos dos creadores -al igual que de gran parte de la mejor literatura de ese vasto y complejo fenómeno geográfico que fue el Imperio Ruso y, después, la Unión Soviética-, emanan un amplio catálogo de sentimientos, pasiones, contradicciones, excesos y efusiones del alma que cristalizan en pasajes épicos y melancólicos, en sonidos que claman al cielo y en otros que alivian el corazón. Lo que se escucha a flor de piel y lo profundo, conviven con lo que se celebra y con lo que se denuncia, con lo que estimula el bienestar y con aquello que estremece…

A los autores de este programa les unió su necesidad de componer, su talento y la veracidad de una música que comunica experiencias hondamente sentidas. Les separan unas pocas décadas, la manera de escribir y su vivencia de la sublevación que derribó el último imperio en Europa.

OFM LOGO_A

 

Sergei Rachmaninov dejó su patria tras el triunfo de la Revolución y la confiscación de sus propiedades, aceptando una providencial gira de conciertos por los países escandinavos. En la Navidad de 1917 la familia Rachmaninov se convirtió en exiliada en Suecia. Un año después, embarcaban rumbo a Nueva York.

 

Rachmaninov

Sergei Rachmaninov (Semyonovo, 1873- Beverly Hills, 1943)

 

A partir de ahí, aunque sin abandonar la composición que tanto le satisfacía, se dedicó sobre todo a su carrera de intérprete. Según cuentan las crónicas, Rachmaninov era un pianista de mucha clase, que lograba con maestría y aparente facilidad cosas que bordeaban lo imposible. Su estilo interpretativo y su presencia en el escenario tenían muy poco de amanerado y su puesta en escena carecía de excentricidad y sensiblería. Nuevamente, su veracidad se ponía al servicio de un acabado pulido, porque su perfección era impecable y su autoridad ante el instrumento, rotunda.

 

El Concierto para piano nº 2 en do menor Op 18 había sido compuesto en los años rusos, como feliz resultado de su curación anímica y artística, tras una larga temporada de depresión y esterilidad creativa. Fue estrenado por el propio compositor en 1901 y dedicado al médico que contribuyó a su curación. En esta obra, como en tantas otras de Rachmaninov, el talante dramático está asociado con unas embriagadoras dotes melódicas que conectan con el público y lo conmueven, alcanzando así el principal deseo de un artista para quien “la música nace del corazón: es amor”.

 

sergey-rachmaninov_9

Disfrutando de la música con su hija

 

En este enlace podemos escuchar al propio compositor en una grabación histórica con la Orquesta de Filadelfia, dirigida por Leopold Stokowski

https://www.youtube.com/watch?v=pBx-tr1FDvY

 

OFM LOGO_A

 

 

La manera en que Dmitri Shostakovich, percibió los cambios que se producían en Rusia fue por completo distinta: él se sintió “hijo de la Revolución” y se quedó. Fue considerado “artista soviético” y esto tuvo sus consecuencias en el ninguneo propiciado por intereses occidentalistas. Pero, en más de una ocasión, también sufrió el desprecio del propio Stalin y el ataque salvaje de la “autoridad competente” a lo que consideraron “caos en lugar de música” de un creador acusado de “decadentismo burgués” y “formalismo”.

 

6 shos

Dmitri Shostakovich (San Petersburgo, 1906-Moscú, 1975)

 

El cambio en la denominación de “compositor ejemplar” a “enemigo del pueblo” le obligó a acatar ciertas pautas emitidas desde el régimen, por temor a unas represalias que se demostró justificado en más de una ocasión.

Su trayectoria profesional estuvo, pues, tan cargada de refrendos oficiales como plagada de amarguras. Las esperanzas y la desesperación, los miedos, las vejaciones, las ilusiones renovadas y la degradación de los ideales sufrida en el devenir político (Shostakovich vivió bajo los regímenes de Lenin, Stalin, Kruschev y Brezhnev), marcaron su recorrido vital y musical.

El compositor se había sumergido desde muy niño en el universo de la música y su portentoso talento se manifestó enseguida a través de un oído absoluto, una memoria prodigiosa y la capacidad innata para recrear en audición interior cualquier detalle de una partitura a primera vista: “Era fácil” recordaba el músico adulto. Sus cualidades se transformaron en necesidad: “No puedo vivir sin componer” y también fueron su salvación, porque sus obras recogen todo el abanico de sus vivencias, sublimadas en registros instrumentales extremos, en una melodía extensa, lírica, meditativa y sentimental y en el manejo experto de la textura, que hacen de su paleta sonora un eficacísimo vehículo de expresión.

 

La Sinfonía nº 10 en mi menor Op 93 fue escrita entre julio y octubre de 1953, pocos meses después de la muerte de Stalin y su significación, más allá de la música, se vincula a la etapa de cierto deshielo que se abrió semanas después de este acontecimiento, crucial en la historia de la Unión Soviética. Shostakovich, muy unido a su tiempo, adoptó el papel –una vez más, pero no solo- de compositor documentalista e incluyó en la obra todo un mundo de sensaciones, con su sentimiento trágico y sus vivencias contradictorias. Su punto de vista no excluye ninguna experiencia y el autor da rienda suelta a todo el arrebato épico y la visión panorámica que caracteriza también a los grandes novelistas rusos. En esta catarsis, Shostakovich desata todos los matices de un amplísimo muestrario emocional y, esta vez, busca un final feliz.

s

Shostakovich siempre interesado en la actualidad

 

En este enlace se puede escuchar una versión de claro sabor ruso, con la Orquesta Filarmónica de Moscú y el director moscovita Kiril Kondrashin, amigo personal de Shostakovich y gran intérprete de su música:

https://www.youtube.com/watch?v=ZepZLtqHjio

 

OFM LOGO_A

 

Surgidos del corazón y envueltos en talento, nos llegan estos dos regalos directamente desde Rusia. Disfrútenlos.