Música de hoy y de siempre. Concierto de la BOS

 

Un concierto y una sinfonía pondrán la banda sonora a este inicio de febrero en el programa de temporada de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, dirigida en esta ocasión por Andrew Gourlay.

Los días 2 y 3, a partir de las 19:30 hs, podremos escuchar al estupendo quinteto de metales Spanish Brass como solistas de La devota lasciva de Juanjo Colomer y en la segunda parte del programa la Segunda Sinfonía de Rachmaninov.

El viernes día 3, a partir de las 18:00 y en la Sala B Terraza, tendré el placer de comentar la música que interpretarán, en una charla de acceso libre con la entrada al concierto.

 

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Juanjo Colomer compone música sinfónica y de cámara.

 

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Juan José Colomer (Alcira, 1966)

Su concierto para quinteto de metales La devota lasciva está escrito con un lenguaje sonoro alejado de las estéticas más radicales, ya que el autor no busca tanto la experimentación, como el estímulo, la sugerencia expresiva… En palabras del propio Colomer, la obra es “confusamente tonal”, es decir, en un aparente contexto tonal, el compositor juega con el concepto de consonancia y disonancia, intentando “tirar y aflojar, para que el oyente no se salga de la obra”.

Pese a la concreción de su título, la música “no está inspirada en nadie en particular, sino que pretende recoger rasgos de muchas personas y, principalmente, la dualidad y las contradicciones existentes en cada uno de nosotros”. Esta travesía vital se narra en tres movimientos, cuyos títulos se asemejan a un juego de palabras: Deambular, Descubrir y Destapar.

Juanjo Colomer está muy familiarizado con los instrumentos de viento metal para los que escribe con especial cuidado y afecto. El conocer de primera mano el particular mundo de los metales, sus colores tímbricos y sus cualidades técnicas y expresivas y el haber crecido escuchando su sonoridad vigorosa y llena de luz, estableció unos vínculos afectivos con este universo sonoro que alimenta su afinidad hacia él y enriquece la composición.

En este enlace se puede escuchar la obra:

https://www.youtube.com/watch?v=ZQCdQIjZC8M

 

Y en este otro asomarse a la web de este compositor valenciano afincado en Los Ángeles:

http://juancolomer.com/

 

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A Sergei Rachmaninov la música le llegó como un regalo de nacimiento.

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Sergei Rachmaninov (Semyonovo, 1873- Beverly Hills, 1943)

La elocuencia emotiva presente en la mayoría de sus partituras, se pone también de manifiesto en su Sinfonía nº 2 en mi menor, Op. 27. Su planteamiento melódico de amplio vuelo, el tratamiento de la sonoridad orquestal, el despliegue de ideas, ritmos, efectos y evocaciones, la brillantez en la escritura y la capacidad de comunicación con quien escucha, hacen que esta sinfonía siga suscitando interés y conmoviendo al público.

La obra está organizada en cuatro movimientos, el tercero de los cuales – Adagio- nos trae una de esas melodías memorables que sugiere el movimiento perpetuo, la expansión inexorable de una fuerza lírica muy pronunciada, que se va ensanchando más y más, hasta alcanzar un clímax romántico, poderoso y embriagador. En 1975, esta melodía fue pionera en el fenómeno crossover y cruzó la frontera de la música clásica para transformarse en la canción Never gonna fall in love again, creada por Eric Carmen y cantada después por otros como John Travolta o Miguel Bosé.

En este enlace podemos escuchar la versión que de este Adagio hace Eivind Gullberg Jensen, al frente de la Radio Filharmonisch Orkest de Amsterdam:

 

 

Disfruten de la brillantez de música. De hoy y de siempre.

 

 

 

 

 

 

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Desde Rusia, con corazón

 

 

Todo empezó con un final. La caída del zarismo supuso el principio de la larga travesía vital que iniciaron, aunque de forma distinta, los dos compositores cuya música podremos disfrutar esta semana en Bilbao, en el concierto que la BOS ofrece los próximos días 12 y 13 de mayo a las 19:30 hs, en el Auditorio del Palacio Euskalduna. Actuará como solista al piano, Marta Zabaleta y la dirección correrá a cargo de Yaron Traub.

Dado que el concierto forma parte del Abono Iniciación, el jueves 12 entre las 18:00 y las 19:00, en la sala B Terraza del Palacio Euskalduna, tendré el gusto de comentar las obras del programa, en una charla de acceso libre con la entrada al concierto.

 

Rachmaninov y Shostakovich recorrieron el camino abierto por la Revolución rusa en sentidos opuestos, pero ambos con la intensa humanidad que impregna su obra de sensibilidad y certeza.

De las composiciones de estos dos creadores -al igual que de gran parte de la mejor literatura de ese vasto y complejo fenómeno geográfico que fue el Imperio Ruso y, después, la Unión Soviética-, emanan un amplio catálogo de sentimientos, pasiones, contradicciones, excesos y efusiones del alma que cristalizan en pasajes épicos y melancólicos, en sonidos que claman al cielo y en otros que alivian el corazón. Lo que se escucha a flor de piel y lo profundo, conviven con lo que se celebra y con lo que se denuncia, con lo que estimula el bienestar y con aquello que estremece…

A los autores de este programa les unió su necesidad de componer, su talento y la veracidad de una música que comunica experiencias hondamente sentidas. Les separan unas pocas décadas, la manera de escribir y su vivencia de la sublevación que derribó el último imperio en Europa.

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Sergei Rachmaninov dejó su patria tras el triunfo de la Revolución y la confiscación de sus propiedades, aceptando una providencial gira de conciertos por los países escandinavos. En la Navidad de 1917 la familia Rachmaninov se convirtió en exiliada en Suecia. Un año después, embarcaban rumbo a Nueva York.

 

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Sergei Rachmaninov (Semyonovo, 1873- Beverly Hills, 1943)

 

A partir de ahí, aunque sin abandonar la composición que tanto le satisfacía, se dedicó sobre todo a su carrera de intérprete. Según cuentan las crónicas, Rachmaninov era un pianista de mucha clase, que lograba con maestría y aparente facilidad cosas que bordeaban lo imposible. Su estilo interpretativo y su presencia en el escenario tenían muy poco de amanerado y su puesta en escena carecía de excentricidad y sensiblería. Nuevamente, su veracidad se ponía al servicio de un acabado pulido, porque su perfección era impecable y su autoridad ante el instrumento, rotunda.

 

El Concierto para piano nº 2 en do menor Op 18 había sido compuesto en los años rusos, como feliz resultado de su curación anímica y artística, tras una larga temporada de depresión y esterilidad creativa. Fue estrenado por el propio compositor en 1901 y dedicado al médico que contribuyó a su curación. En esta obra, como en tantas otras de Rachmaninov, el talante dramático está asociado con unas embriagadoras dotes melódicas que conectan con el público y lo conmueven, alcanzando así el principal deseo de un artista para quien “la música nace del corazón: es amor”.

 

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Disfrutando de la música con su hija

 

En este enlace podemos escuchar al propio compositor en una grabación histórica con la Orquesta de Filadelfia, dirigida por Leopold Stokowski

https://www.youtube.com/watch?v=pBx-tr1FDvY

 

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La manera en que Dmitri Shostakovich, percibió los cambios que se producían en Rusia fue por completo distinta: él se sintió “hijo de la Revolución” y se quedó. Fue considerado “artista soviético” y esto tuvo sus consecuencias en el ninguneo propiciado por intereses occidentalistas. Pero, en más de una ocasión, también sufrió el desprecio del propio Stalin y el ataque salvaje de la “autoridad competente” a lo que consideraron “caos en lugar de música” de un creador acusado de “decadentismo burgués” y “formalismo”.

 

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Dmitri Shostakovich (San Petersburgo, 1906-Moscú, 1975)

 

El cambio en la denominación de “compositor ejemplar” a “enemigo del pueblo” le obligó a acatar ciertas pautas emitidas desde el régimen, por temor a unas represalias que se demostró justificado en más de una ocasión.

Su trayectoria profesional estuvo, pues, tan cargada de refrendos oficiales como plagada de amarguras. Las esperanzas y la desesperación, los miedos, las vejaciones, las ilusiones renovadas y la degradación de los ideales sufrida en el devenir político (Shostakovich vivió bajo los regímenes de Lenin, Stalin, Kruschev y Brezhnev), marcaron su recorrido vital y musical.

El compositor se había sumergido desde muy niño en el universo de la música y su portentoso talento se manifestó enseguida a través de un oído absoluto, una memoria prodigiosa y la capacidad innata para recrear en audición interior cualquier detalle de una partitura a primera vista: “Era fácil” recordaba el músico adulto. Sus cualidades se transformaron en necesidad: “No puedo vivir sin componer” y también fueron su salvación, porque sus obras recogen todo el abanico de sus vivencias, sublimadas en registros instrumentales extremos, en una melodía extensa, lírica, meditativa y sentimental y en el manejo experto de la textura, que hacen de su paleta sonora un eficacísimo vehículo de expresión.

 

La Sinfonía nº 10 en mi menor Op 93 fue escrita entre julio y octubre de 1953, pocos meses después de la muerte de Stalin y su significación, más allá de la música, se vincula a la etapa de cierto deshielo que se abrió semanas después de este acontecimiento, crucial en la historia de la Unión Soviética. Shostakovich, muy unido a su tiempo, adoptó el papel –una vez más, pero no solo- de compositor documentalista e incluyó en la obra todo un mundo de sensaciones, con su sentimiento trágico y sus vivencias contradictorias. Su punto de vista no excluye ninguna experiencia y el autor da rienda suelta a todo el arrebato épico y la visión panorámica que caracteriza también a los grandes novelistas rusos. En esta catarsis, Shostakovich desata todos los matices de un amplísimo muestrario emocional y, esta vez, busca un final feliz.

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Shostakovich siempre interesado en la actualidad

 

En este enlace se puede escuchar una versión de claro sabor ruso, con la Orquesta Filarmónica de Moscú y el director moscovita Kiril Kondrashin, amigo personal de Shostakovich y gran intérprete de su música:

https://www.youtube.com/watch?v=ZepZLtqHjio

 

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Surgidos del corazón y envueltos en talento, nos llegan estos dos regalos directamente desde Rusia. Disfrútenlos.

 

 

 

La leyenda, el retrato y lo absoluto

De estas tres maneras –y de tantas otras- se manifestó el espíritu romántico al que la música sucumbió, desde el inicio del siglo XIX hasta bien entrado el XX.

En Bilbao, los próximos 23 y 24 de Octubre, podremos disfrutar de una leyenda rusa, del retrato de un violinista prodigioso y de la esencia de lo absoluto, todo ello desde una perspectiva sonora y a través de la interpretación que harán Günter Neuhold, una vez más al frente de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, y el pianista Luis Fernando Pérez, asiduo ya de esta ciudad en el maratoniano Musika-Música.

Recordemos que esta temporada los conciertos se adelantan media hora, así que el evento tendrá lugar a las 19:30 hs. El concierto pertenece al Abono Iniciación, por lo que el jueves 23 entre las 18:00 y las 19:00, en la sala B1 del Palacio Euskalduna, tendré el gusto de comentar las obras del programa, en una charla de acceso libre con la entrada al concierto.

 

A la cita acudirán Mussorgsky y Rachmaninov, compositores que representaron a la perfección la esencia extrema de lo ruso: lo sensible y lo salvaje; lo lírico y lo épico; lo real y lo soñado. Cerrará la velada Johannes Brahms, que sintió siempre el peso de la tradición alemana y reverenció el desarrollo de las ideas musicales a partir de su propia naturaleza sonora.

 

En un vasto territorio, el Imperio ruso, donde las melodías populares y los cantos litúrgicos acompañaban en su vida diaria a un pueblo dotado para la música y en una época en que la aristocracia cultivaba la composición como pasatiempo diletante, surgió un grupo de compositores, en gran medida autodidactas, que dieron sonido romántico al nacionalismo ruso. Modest Mussorgsky fue el creador más original e innovador del llamado “grupo de los cinco”.

Mussorgsky

Modest Mussorgsky (Karevo, 1839-San Petersburgo, 1881)

Retrato de Ilia Repin (Galería estatal Tretiakov, Moscú)

 

Su búsqueda del realismo y su afán por “expresar al pueblo ruso”, con lo que conlleva de manifestación de lo poético y también de lo bárbaro, le llevaron a escribir Una noche en el Monte Pelado que, habiendo sido escrita en 1867 y titulada Noche de San Juan, busca narrar lo que acontece en ese momento de solsticio entre un puñado de brujas y Satán, intentando describir “el carácter del Sabbat, que está lleno de gritos y llamadas dispersas hasta el momento en que toda esa chusma diabólica se mezcla en una confusión total”. Más tarde, Mussorgsky utilizó el material como intermezzo de su ópera inacabada La feria de Sorochinsky, donde se describe el sueño de un muchacho campesino. Fue entonces cuando añadió el delicioso epílogo. La obra, como la conocemos hoy, no se estrenó hasta 1886, tras los retoques de Rimsky-Korsakov.

Mussorgsky, que amaba la música sobre todas las cosas, la consideraba “el mejor vehículo para la comunicación entre seres humanos”.

 

Sergei Rachmaninov fue un compositor que alcanzó un grado de conexión con su público notablemente mayor que el reconocimiento que le dispensó la crítica.

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Sergei Rachmaninov (Semionovo, 1873-Beverly Hills, 1943)

 

Pese a las acusaciones de anacronismo, tuvo la osadía de no cambiar: “no sé escribir de otra manera”, declaraba un pianista y compositor para quien la música era una especie de refugio sentimental donde escapar de la nostalgia que le perseguía por partida doble: como exiliado de la revolución soviética y como ruso.

Su Rapsodia sobre un tema de Paganini supone, en un caleidoscopio de imágenes sonoras, su particular retrato de uno de los instrumentistas más dotados y teatrales de todos los tiempos: el genovés Nicoló Paganini quien, desde su más tierna infancia, subyugó y escandalizó a un público que difícilmente olvidaba sus interpretaciones y de quien la leyenda romántica decía que había vendido su alma al diablo a cambio de una destreza sin rival.

La Rapsodia fue compuesta en 1934 y estrenada ese mismo año con el autor al piano, demostrando el esplendor de su talento en la escritura y en la interpretación. La riqueza del color orquestal, la perfecta articulación de una obra ensamblada en pequeñas piezas y el talento requerido para su puesta en marcha, hacen de esta partitura las delicias del oyente.

En el siguiente enlace, una grabación histórica del propio compositor y la Orquesta de Filadelfia, dirigidos por Leopold Stokowski. A partir del minuto 14´17´´, el mágico momento en que Paganini se transforma en Rachmaninov, gracias al milagro de la música:

https://www.youtube.com/watch?v=KL5aiUKPt3Q

 

Contemporánea de Una noche en el Monte Pelado, la Sinfonía nº 1 Op.68 en do menor de Johannes Brahms fue estrenada en 1876, aunque el ya maduro y valorado compositor dedicó catorce años de su vida a escribirla y a darse a sí mismo permiso para presentar al público una composición de este género, tras la estela de talento que Beethoven había dejado para bien de todos y prudencia de algunos.

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Johannes Brahms (Hamburgo, 1833-Viena, 1897)

 

La maestría de Brahms engrandece su romántica devoción por el pasado -con su confesa preferencia por Bach y su conocimiento profundo de la obra de Beethoven- y cuando se sumerge en el océano de la sinfonía, la dimensión que adquiere su música refleja, a partes iguales, nobleza, sentido del equilibrio, solidez y lirismo. Su lenguaje se basa en el desarrollo de las ideas, como esencia misma del género sinfónico, huyendo de la superficialidad y del espectáculo. Este es su principal atractivo y la razón de su atemporalidad.

En este enlace se puede escuchar la obra en una versión antigua pero excelente, de un director, Wilhelm Furtwängler, que supo mantener el equilibrio imposible entre fluidez y tensión estática en la difícil y fascinante paradoja de la música que, siendo siempre presente, necesita del recuerdo de la vivencia ya pasada y de nuestra anticipación futura. A partir del minuto 36, la progresión continua conduce todo hacia esa cumbre-homenaje a Beethoven que, representada en una melodía de irrepetible belleza, sirve de expansión a las ideas brahmsianas y ensancha el espíritu de quienes hacemos de la escucha un placer cotidiano:

https://www.youtube.com/watch?v=uGexRHe2iBk

 

Más información del concierto en la web de la BOS:

http://www.bilbaorkestra.com/esp/concierto.php?id=601

 

Disfruten. Esta vez nos toca Romanticismo.