Festejando lo efímero. Celebrando lo eterno. Concierto de Carnaval de la BOS

El carnaval, con su perfil transgresor, busca la manera de saltarse las reglas, lindando siempre con el lado prohibido y haciendo gala, con sus máscaras, de las posibilidades inabarcables de ser otro. Con su “todo es ahora”, con su “nada es eterno”, se asoma al juego permanente, al continuo alborozo, a la ausencia de límites… En carnaval, la vida es fiesta.

Y a una celebración musical nos conduce el programa que esta semana hará sonar la Orquesta Sinfónica de Bilbao y la violinista Leticia Moreno, dirigidos todos por Eduardo Portal. La cita es en el Auditorio del Palacio Euskalduna, los días 4 y 5 de febrero, a las 19:30 hs. El viernes, día 5, a partir de las 18:30, en la Sala B Terraza, tendré el placer de comentar la música que interpretarán, en una charla de acceso libre con la entrada al concierto.

El programa se inicia con la Obertura de El murciélago, concebida por Johann Strauss, hijo en 1874.

J. Strauss

Johann Strauss (Viena, 1825-Viena, 1899)

 

En esta Obertura se adelanta la atmósfera de fiesta, enredos, affaires y bailes que emana de un vodevil de los franceses Meilhac y Halévy, refundido en el libreto de Haffner y Genée, rebosante de ingenio y humor. La música incorpora a este texto espléndido el color sonoro, reforzando su energía y su felicidad vital.

En este enlace podemos escuchar la versión de la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Karl Böhm:

https://www.youtube.com/watch?v=os2SQLWxlcI

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La ilusión se prolongará con una composición de Camille Saint-Saëns.

 

Saint-Saëns

Camille Saint-Saëns (París, 1835-Argel, 1921)

 

La Introducción y Rondó caprichoso para violín y orquesta Op 28 es una obra inspirada -como tantas otras decimonónicas- por el culto a la interpretación virtuosística, que buscaba tanto aumentar los retos para los solistas, como satisfacer el deseo de sensaciones musicales del público. Esta fue escrita en 1863 para el inigualable Pablo Sarasate, que adoraba su combinación de romance y danza, su toque exótico y su bravura.

En este enlace escuchamos a Janine Jansen y la Filarmónica de Berlin, dirigidos por Neeme Järvi, en este atractivo escenario, en plena Naturaleza (¡qué planazo!):

https://www.youtube.com/watch?v=OYFgN0Vkdpo

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Y enlazando lirismo y rusticidad, Franz von Suppé escribió en 1846 la tercera obra de la tarde.

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Franz von Suppé (Spalato-Dalmacia, 1819-Viena, 1895)

 

Poeta y aldeano es una comedia en tres actos cuya Obertura es una de las más conocidas del autor en las que el discurso bascula entre dos elementos muy del gusto del teatro romántico: la languidez desfallecida –lo que entonces representaba “lo femenino” de buen tono- y la bravura y audacia -que se suponía a la nobleza “masculina” de rigor. Podemos escuchar la versión de Sir Georg Solti dirigiendo a la Orquesta Sinfónica des Bayerischen Rundfunks:

https://www.youtube.com/watch?v=POJY5DlZTaw

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Y el regocijo continúa más alborozado, si cabe, en la música que Antonin Dvořák escribió en 1891.

 

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Antonin Dvořák (Nelahozeves, República Checa, 1841-Praga, 1904)

 

La Obertura Carnaval Op 92 forma parte de una trilogía llamada originalmente Naturaleza, Vida y Amor, simbolizando tres situaciones distintas: la felicidad humana en comunión con la Naturaleza, la alegría de vivir y el poder del amor para producir dicha o desgracia. El Carnaval forma parte de la Vida y en él, en un milagro de creatividad innata y de talento para organizar su pensamiento musical, el autor permite que se unan la viveza de los ritmos propios de Bohemia, con la delicadeza de unas melodías hermosas y plenas; y lo hace con la naturalidad que caracterizó su vida y su obra. Aquí podemos escuchar la excelente interpretación que hace de la pieza otro bohemio, Rafael Kubelik, dirigiendo a la Bavarian Radio Symphony Orchestra:

https://www.youtube.com/watch?v=qYMpt5Lg3cw

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Seguirá el pensamiento sonoro de Maurice Ravel.

 

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Maurice Ravel (Ciboure, 1875-Paris, 1937)

 

En Tzigane la música respira a través del violín solista, en una larga cadencia que atrapa en la partitura el sonido que surge de la improvisación. De claro sabor rapsódico, la obra nació inspirada por una serie de melodías zíngaras que la violinista húngara Jelly d’Aranyi interpretó para él. Ravel la había conocido en Londres en 1922 y a ella está dedicada la obra. El carácter nostálgico y, sobre todo, la manera de articular el sonido alla zingarese, motivaron al compositor a escribir la obra con el subtítulo Rapsodia de concierto.

Ravel, que como buen francés amaba la danza, quedó fascinado por la aparente libertad métrica de los sones gitanos y decidió explorarlos desde la exquisitez de sus maneras parisinas, por ello la obra no alcanza el purismo de la fuente de la que parte –ni lo pretende-, sino que alude al asombro que produce en el músico académico la audacia sonora, la pirueta musical y el talento en la ejecución de los músicos “de calle” (¿recuerdan al violinista gitano de la película “El concierto”?).

Aquí disfrutamos la particular versión de Patricia Kopatchinskaja (a quien hemos escuchado varias veces en Bilbao), con Jean Jacques Kantorow dirigiendo la Sinfonia Varsovia en la Folle Journée de Nantes de 2013 (qué poco queda para el Musika-Música 2016 bilbaíno…)

 

https://www.youtube.com/watch?v=w0ObgSKBqTQ

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La tarde de música se despedirá con un fin de fiesta que cierra, de forma brillante, un programa flanqueado por dos compositores (dos Strauss) que, pese a lo que pudiera suponerse, no están emparentados. Richard Strauss afirmaba que no podría haber compuesto los valses de El Caballero de la Rosa sin recordar al “riente genio de Viena”, en referencia al músico austriaco que lleva su mismo apellido.

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Richard Strauss (Munich, 1864-Garmisch-Partenkirchen, Baviera, 1949)

 

El Caballero de la Rosa fue, en un principio, la ópera que supuso la cumbre de la carrera de Richard Strauss en vísperas de la Primera Guerra Mundial. El triunfo internacional no habría sido posible sin la maestría del libretista, poeta y ensayista Hugo von Hofmannsthal y el buen entendimiento entre ambos (Strauss decía que habían nacido el uno para el otro).

La Suite, procedente de la obra escénica, data de 1945 y se presenta a nuestros oídos radiante, hermosa y excelentemente escrita, permitiendo a la orquesta mostrarse en su apogeo en los pasajes de conjunto y consiguiendo, además, que las voces de cada uno luzcan en su individualidad, mostrando sus mejores cualidades tímbricas y expresivas. En este enlace, se aprecia la sensualidad que emana de sus melodías largas y tensas o breves y deliberadamente superficiales –pero bellas-, y el espléndido derroche orquestal. La versión, de la estupenda y joven (¡oh Fortuna!) Gustav Mahler Jugendorchester, dirigida por Daniele Gatti, en uno de los siempre estupendos PROMS londinenses:

https://www.youtube.com/watch?v=p2LreBJ1JX0

 

La música también festeja la fugacidad carnavalesca, pero es eterna. Celébrenlo y disfruten.

 

 

 

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¡Por Ravel!

Contemporáneo de su estimado amigo Manuel de Falla, pero también de Pancho Villa, Albert Einstein (rendido melómano), Roal Amundsen o Antonio Machado, hace hoy 75 años que dejó este mundo para ir, sin duda, al paraíso de las musas, Maurice Ravel Delouart (Ciboure, 1875-París, 1937). Murió el mismo año que su admirador Gershwin y, como él, dejó llenas de color cientos de partituras. Su pensamiento se desplegó tanto en sonidos orquestales, como en el lenguaje pianístico.

 

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El color de Ravel está en las armonías y en los timbres, pero también en los inesperados requiebros de una melodía infinita y elegante que, pese a su calculada contención, es capaz de conmovernos.

Por si os apetece escuchar y ver a la extraordinaria Martha Argerich interpretando el Concierto para piano en Sol Mayor, junto a la Orquesta Nacional de Francia, dirigidos por Charles Dutoit (que durante unos años fue su segundo marido y es padre de la segunda de sus hijas), os pongo el enlace a un video:

Inigualable el extraño y hechizante diálogo entre el corno inglés y el piano en el corazón del segundo movimiento (un poco avanzado el minuto 14). Es un remanso de paz entre el vigor y la fantasía sonora que se desborda en los movimientos extremos, capaces de hacer guiños a lo popular desde la escritura más pulida. Qué bien se integran las pinceladas de jazz y sus cariñosas evocaciones al folklore vasco, reminiscencias de su herencia materna.

Una estupenda biografía en castellano es la de Hirsbrunner (Hirsbrunner, T. (1993). Ravel. Vida y obra. Madrid: Alianza Editorial)

No dejéis de escuchar sus coloreados cuentos de Ma mére l´oye (magníficos en versión para piano a cuatro manos y en versión orquestal) o su evocador Gaspard de la nuit, sus Valses nobles y sentimentales (extraordinario título, tan como él), los amores epicúreos y adolescentes de Daphnis y Chloé

Y por si os apetece hacer una excursión, al otro lado de la frontera, en esta casa nació Ravel.

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De pequeña estatura y gran imaginación sonora.

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Pero si la excursión es más larga y queréis seguir su pista, en esta Belvedere, en Monfort L´Amaury, al suroeste de París, encontró su espacio,  entre notas, paseos por el bosque y objetos de colección.

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Y él también visitó Bilbao, en 1928. Vino a dirigir un concierto con obras suyas, en la Sociedad Filarmónica. ¡Afortunados quienes estuvieron allí!

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Discretísima persona, excelente músico.