Tradiciones y arraigos musicales. Concierto de la BOS

 

Esta semana la Orquesta Sinfónica de Bilbao, dirigida por Michal Nesterowicz, programa las deliciosas Variaciones sobre un tema rococó de Tchaikovsky y el hermoso Adagio con variaciones de Respighi. Para interpretar estas obras contaremos, además, con la presencia del violonchelista bilbaino Asier Polo.

Mañana jueves, a partir de las 18:00 y en la Sala B Terraza, tendré el placer de comentar la música que interpretarán, en una charla de acceso libre con la entrada al concierto.

 

 

Tchaikovsky 1876

Piotr Illich Tchaikovsky (Votkinsk, 1840-San Petersburgo, 1893)  escribió las Variaciones rococó en 1876

 

Respighi

Ottorino Respighi (Bolonia, 1879 – Roma, 1936) escribió su Adagio con variaciones en 1921

 

 

 

En este enlace se puede escuchar la versión del joven y excelente músico Pablo Ferrández dirigido, junto con la Orquesta de RTVE, por Zubin Mehta (atención a la hermosísima variación VI (Andante) en el minuto 14’15’’):

https://www.youtube.com/watch?v=ADQUzKalf2Y

 

 

El programa se completa con la extraordinaria Sinfonía nº 9 en mi menor de Dvořák, llamada “Del Nuevo Mundo”.

A Dvorak

 

 

 

 

 

 

 

 

Antonín Dvořák (Nelahozeves, 1841 – Praga,1904) estrenó su Sinfonía del Nuevo Mundo en el Carnegie Hall de Nueva York, el 16 de diciembre de 1893

 

 

 

OFM

 

 

En este concierto se reúnen tradiciones y arraigos musicales de toda índole: la forma clásica “tema con variaciones” vertebrará el pensamiento lírico del compositor ruso y el del italiano. El checo nos hará gozar con el sabor de lo popular, ensamblando de manera tan perfecta como atractiva el aroma del folklore norteamericano -que conoció en sus tres años de estancia en Estados Unidos-, con la esencia de las melodías propias de la región de Bohemia, tan arraigadas en su corazón y en su musa.

 

Para deleitarnos en esta hermosa música tenemos dos posibilidades de cita: el jueves 9 y el viernes 10 de marzo, a las 19:30 en el Auditorio del Palacio Euskalduna de Bilbao.

Toda la información en este enlace:

https://bilbaorkestra.eus/conciertos/bos-11/

 

 

Bendita convergencia de arraigos musicales: las llamadas “formas clásicas” y las joyas del patrimonio popular. Disfruten de ambas.

 

 

 

 

 

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Festejando lo efímero. Celebrando lo eterno. Concierto de Carnaval de la BOS

El carnaval, con su perfil transgresor, busca la manera de saltarse las reglas, lindando siempre con el lado prohibido y haciendo gala, con sus máscaras, de las posibilidades inabarcables de ser otro. Con su “todo es ahora”, con su “nada es eterno”, se asoma al juego permanente, al continuo alborozo, a la ausencia de límites… En carnaval, la vida es fiesta.

Y a una celebración musical nos conduce el programa que esta semana hará sonar la Orquesta Sinfónica de Bilbao y la violinista Leticia Moreno, dirigidos todos por Eduardo Portal. La cita es en el Auditorio del Palacio Euskalduna, los días 4 y 5 de febrero, a las 19:30 hs. El viernes, día 5, a partir de las 18:30, en la Sala B Terraza, tendré el placer de comentar la música que interpretarán, en una charla de acceso libre con la entrada al concierto.

El programa se inicia con la Obertura de El murciélago, concebida por Johann Strauss, hijo en 1874.

J. Strauss

Johann Strauss (Viena, 1825-Viena, 1899)

 

En esta Obertura se adelanta la atmósfera de fiesta, enredos, affaires y bailes que emana de un vodevil de los franceses Meilhac y Halévy, refundido en el libreto de Haffner y Genée, rebosante de ingenio y humor. La música incorpora a este texto espléndido el color sonoro, reforzando su energía y su felicidad vital.

En este enlace podemos escuchar la versión de la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Karl Böhm:

https://www.youtube.com/watch?v=os2SQLWxlcI

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La ilusión se prolongará con una composición de Camille Saint-Saëns.

 

Saint-Saëns

Camille Saint-Saëns (París, 1835-Argel, 1921)

 

La Introducción y Rondó caprichoso para violín y orquesta Op 28 es una obra inspirada -como tantas otras decimonónicas- por el culto a la interpretación virtuosística, que buscaba tanto aumentar los retos para los solistas, como satisfacer el deseo de sensaciones musicales del público. Esta fue escrita en 1863 para el inigualable Pablo Sarasate, que adoraba su combinación de romance y danza, su toque exótico y su bravura.

En este enlace escuchamos a Janine Jansen y la Filarmónica de Berlin, dirigidos por Neeme Järvi, en este atractivo escenario, en plena Naturaleza (¡qué planazo!):

https://www.youtube.com/watch?v=OYFgN0Vkdpo

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Y enlazando lirismo y rusticidad, Franz von Suppé escribió en 1846 la tercera obra de la tarde.

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Franz von Suppé (Spalato-Dalmacia, 1819-Viena, 1895)

 

Poeta y aldeano es una comedia en tres actos cuya Obertura es una de las más conocidas del autor en las que el discurso bascula entre dos elementos muy del gusto del teatro romántico: la languidez desfallecida –lo que entonces representaba “lo femenino” de buen tono- y la bravura y audacia -que se suponía a la nobleza “masculina” de rigor. Podemos escuchar la versión de Sir Georg Solti dirigiendo a la Orquesta Sinfónica des Bayerischen Rundfunks:

https://www.youtube.com/watch?v=POJY5DlZTaw

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Y el regocijo continúa más alborozado, si cabe, en la música que Antonin Dvořák escribió en 1891.

 

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Antonin Dvořák (Nelahozeves, República Checa, 1841-Praga, 1904)

 

La Obertura Carnaval Op 92 forma parte de una trilogía llamada originalmente Naturaleza, Vida y Amor, simbolizando tres situaciones distintas: la felicidad humana en comunión con la Naturaleza, la alegría de vivir y el poder del amor para producir dicha o desgracia. El Carnaval forma parte de la Vida y en él, en un milagro de creatividad innata y de talento para organizar su pensamiento musical, el autor permite que se unan la viveza de los ritmos propios de Bohemia, con la delicadeza de unas melodías hermosas y plenas; y lo hace con la naturalidad que caracterizó su vida y su obra. Aquí podemos escuchar la excelente interpretación que hace de la pieza otro bohemio, Rafael Kubelik, dirigiendo a la Bavarian Radio Symphony Orchestra:

https://www.youtube.com/watch?v=qYMpt5Lg3cw

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Seguirá el pensamiento sonoro de Maurice Ravel.

 

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Maurice Ravel (Ciboure, 1875-Paris, 1937)

 

En Tzigane la música respira a través del violín solista, en una larga cadencia que atrapa en la partitura el sonido que surge de la improvisación. De claro sabor rapsódico, la obra nació inspirada por una serie de melodías zíngaras que la violinista húngara Jelly d’Aranyi interpretó para él. Ravel la había conocido en Londres en 1922 y a ella está dedicada la obra. El carácter nostálgico y, sobre todo, la manera de articular el sonido alla zingarese, motivaron al compositor a escribir la obra con el subtítulo Rapsodia de concierto.

Ravel, que como buen francés amaba la danza, quedó fascinado por la aparente libertad métrica de los sones gitanos y decidió explorarlos desde la exquisitez de sus maneras parisinas, por ello la obra no alcanza el purismo de la fuente de la que parte –ni lo pretende-, sino que alude al asombro que produce en el músico académico la audacia sonora, la pirueta musical y el talento en la ejecución de los músicos “de calle” (¿recuerdan al violinista gitano de la película “El concierto”?).

Aquí disfrutamos la particular versión de Patricia Kopatchinskaja (a quien hemos escuchado varias veces en Bilbao), con Jean Jacques Kantorow dirigiendo la Sinfonia Varsovia en la Folle Journée de Nantes de 2013 (qué poco queda para el Musika-Música 2016 bilbaíno…)

 

https://www.youtube.com/watch?v=w0ObgSKBqTQ

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La tarde de música se despedirá con un fin de fiesta que cierra, de forma brillante, un programa flanqueado por dos compositores (dos Strauss) que, pese a lo que pudiera suponerse, no están emparentados. Richard Strauss afirmaba que no podría haber compuesto los valses de El Caballero de la Rosa sin recordar al “riente genio de Viena”, en referencia al músico austriaco que lleva su mismo apellido.

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Richard Strauss (Munich, 1864-Garmisch-Partenkirchen, Baviera, 1949)

 

El Caballero de la Rosa fue, en un principio, la ópera que supuso la cumbre de la carrera de Richard Strauss en vísperas de la Primera Guerra Mundial. El triunfo internacional no habría sido posible sin la maestría del libretista, poeta y ensayista Hugo von Hofmannsthal y el buen entendimiento entre ambos (Strauss decía que habían nacido el uno para el otro).

La Suite, procedente de la obra escénica, data de 1945 y se presenta a nuestros oídos radiante, hermosa y excelentemente escrita, permitiendo a la orquesta mostrarse en su apogeo en los pasajes de conjunto y consiguiendo, además, que las voces de cada uno luzcan en su individualidad, mostrando sus mejores cualidades tímbricas y expresivas. En este enlace, se aprecia la sensualidad que emana de sus melodías largas y tensas o breves y deliberadamente superficiales –pero bellas-, y el espléndido derroche orquestal. La versión, de la estupenda y joven (¡oh Fortuna!) Gustav Mahler Jugendorchester, dirigida por Daniele Gatti, en uno de los siempre estupendos PROMS londinenses:

https://www.youtube.com/watch?v=p2LreBJ1JX0

 

La música también festeja la fugacidad carnavalesca, pero es eterna. Celébrenlo y disfruten.

 

 

 

Lo que la música provoca: Barber, MacMillan y Dvořák

 

Esta semana la Orquesta Sinfónica de Bilbao ofrecerá una provocación sonora, a partir de la interpretación de la música de tres autores de tres siglos (XIX, XX y XXI), las habilidades técnicas y expresivas de la excelente percusionista Evelyn Glennie y la dirección de Marcus Bosch.

El próximo jueves 3, a las 18:00 hs y en la sala B Terraza del Palacio Euskalduna, tendré el gusto de comentar las obras del programa, en una charla de acceso libre con la entrada al concierto.

 

La provocación empezará con el discurso sensible y pleno de nostalgia de un compositor, Samuel Barber, que se movió en la larga sombra del Romanticismo musical.

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Samuel Barber (Pensilvania, 1910 – Nueva York, 1981)

 

Su inspiración refinada y el claro origen vocal de su lenguaje, dotan a su música de una poesía y una afectuosidad que comunican fácilmente con quienes escuchan. El Adagio para cuerdas es, probablemente, su composición más famosa, desde el momento en que fue estrenada en 1936 en versión de cuarteto de cuerda. Pero su popularidad alcanzó el impacto propio de los medios de difusión masiva, cuando el 5 de noviembre de 1938, Arturo Toscanini al frente de la Orquesta Sinfónica de la NBC, ofreció por primera vez a millones de oyentes el arreglo para orquesta de cuerda a través de la radio. En el contexto de un país que se estaba recuperando de la Gran Depresión y de un intérprete genial y mediático –Toscanini-, que manifestaba abiertamente su oposición a los regímenes fascistas que iban cobrando fuerza en Europa, de donde acababa de llegar a Estados Unidos para quedarse, el Adagio de Barber provocó una intensa respuesta emocional en la audiencia y ha permanecido en la memoria colectiva como pieza obligada en situaciones de alta carga emocional, como el anuncio de los fallecimientos de Roosevelt y J.F. Kennedy, en la conmemoración de las víctimas del 11S, o en los funerales de Albert Einstein –declarado melómano y violinista amateur- o Grace de Mónaco. En la sencillez de la melodía, en el calor del timbre, en el lirismo que conmueve, en el abrazo del legato, en la repetición de una idea que acaba siéndonos tan familiar… ahí radica el poder expresivo de esta partitura y su incitación a sentir.

En este enlace, podemos escuchar la versión de Leonard Slatkin al frente de la Orquesta Sinfónica de Detroit:

 

 

Y tras la conmoción afectiva, llegará la catarsis alentada por una plantilla instrumental rica y provocadora en la imaginación de James MacMillan, que persigue con su música la combinación de espectáculo rítmico -y visual-, estímulo emocional puro y meditación espiritual.

 

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James MacMillan (Kilwinning, Escocia, 1959)

 

En 1992 escribió el Concierto para percusión y orquesta Veni, Veni, Emmanuel, que no es la única composición del autor inspirada por temática religiosa.

MacMillan dedicó la obra a sus padres y está basada en el canto llano de Adviento del mismo título. El propio compositor nos indica que comenzó a escribirla el primer domingo de Adviento de 1991 y la finalizó el domingo de Resurrección de 1992. Según sus palabras, la importancia de ambas fechas litúrgicas se manifiesta en que al final de la obra hay un enlace entre el Adviento y la Pascua de Resurrección, de tal manera que la proclamación de la liberación que llega con el adventus Redemptoris -venida del Redentor-, encuentra su encarnación en el Cristo Resucitado.

La intención del autor es que la composición pueda ser considerada en dos sentidos. Por un lado, como música pura, cuyo material deriva del canto llano francés del siglo XV; pero también a través de una exploración teológico-musical de lo que supone el mensaje de Adviento.

A la inmediatez de la percusión y su efecto sobre los oyentes, sin apenas necesidad de procesar la información auditiva que nos llega, se suma la crítica que el periódico The Guardian hizo en el momento del estreno: “… un compositor tan seguro de su propio lenguaje musical que hace que su música sea comunicativa al instante para sus oyentes”.

Podemos escuchar y ver aquí a Claire Edwardes con la Vector Wellington Orchestra, dirigidos por Marc Taddei

 

 

Y la última obra del programa nos propondrá un viaje al Romanticismo pleno, a través de un cicerone con poder de convocatoria: Antonin Dvořák, compositor nacido en un entorno muy rico musicalmente, ya que en su Bohemia natal la música formaba parte de la educación de todos.

 

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Antonin Dvořák (Nelahozeves, República Checa, 1841 – Praga, 1904)

 

Su Sinfonía nº 6 en Re Mayor Opus 60, es una sinfonía clásico-romántica coloreada de nacionalismo y representa una primera cima de su evolución musical, ya que Dvořák no solo se había convertido ya con cuarenta años en un músico genial, sino también en un verdadero sinfonista, con lo que eso significaba en la larga estela que, partiendo de Haydn, había recorrido ya Brahms. Exhibe toda la energía de una exuberancia alegre y campestre y en su rotundidad revela a un compositor que, como señalaba su contemporáneo el musicólogo Hermann Kretzschmar, “mira de frente, con ojos de niño”.

En esos paisajes checos, en los que Dvořák halló paz espiritual, también encontró paisanos que bailaban danzas de ritmos vigorosos, pletóricos de alegría contagiosa. En este enlace podemos deleitarnos, escuchando el Scherzo del que emana toda la energía de la tierra a través de una danza típica de la región de Bohemia: la furiante. La versión es de la Orquesta Sinfónica de Londres, dirigida por István Kertész:

 

 

Benditas sean las provocaciones de la música. Ríndanse a ellas y disfrútenla.

 

 

 

 

 

 

Así sonaba Centroeuropa

El talento musical -que revoloteaba desde antaño sobre Centroeuropa- fue a posarse sobre un húngaro-rumano, un austriaco y un checo. Ellos tuvieron a bien escribir las partituras que disfrutaremos en Bilbao los próximos 27 y 28 de Febrero. Benditas sean las musas que los eligieron y ellos, bienhallados.

Sus nombres: Béla Bartók, Wolfgang Amadeus Mozart y Antonín Dvořák. Los de sus intérpretes en esta ocasión: Orquesta Sinfónica de Bilbao y, ojo al dato, Zoltán Kocsis al piano, en el concierto de Mozart, y a la batuta en todo el programa. Una gran oportunidad de conocer la re-creación a cargo de un excelente pianista húngaro, que ha tocado junto a varias de las mejores orquestas del mundo y que es un verdadero especialista en Bartók.

El jueves 27, entre las 18:30 y las 19:30 y en la sala B Terraza del Palacio Euskalduna, comentaré las obras programadas, en una charla de acceso libre con la entrada al concierto.

Béla Bartók fue un brillante pianista, un etnomusicólogo a pie de campo y un creador comprometido, con su tierra natal en un principio y con la humanidad, después.

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Béla Bartók

Nagyszentmiklós, Imperio Austrohúngaro -actualmente Sânnicolau Mare, Rumanía-,1881 – Nueva York, 1945

Quiso mostrar al mundo la riqueza del folklore que le rodeaba: húngaro, rumano, búlgaro, esloveno, serbio… hasta extender sus investigaciones a la música popular turca y árabe. Lo recogió con esmero, aldea por aldea, en las rudimentarias placas fonográficas de entonces.

1908

Béla Bartók en 1908 (Fotografía de autor desconocido)

Su rechazo a la violencia entre las personas constituyó para él un asunto medular y, antes de su autoexilio en Estados Unidos, no permitía que su música sonara en la radio de Berlín, ya bajo el poder nazi. Al morir, pidió que ninguna calle de su Hungría natal llevara su nombre mientras persistieran en ellas los de Hitler o Mussolini.

Los Bocetos húngaros incluidos en este programa constituyen una suite, es decir, una “serie” de transcripciones para orquesta que el propio compositor hizo en 1931, de cinco pequeñas piezas para piano de varios de sus álbumes. La obra conserva el encanto y la inocencia de la música popular que ya irradiaban las partituras pianísticas, pero la vestidura orquestal de Bartók, tan original como sugerente, aumenta el placer de disfrutar los colores de la música.

Bartók decía: “los días más hermosos de mi vida fueron los que pasé en las aldeas, entre los campesinos”. Esta semana comparte con nosotros esa felicidad.

Y retrocediendo en el tiempo podremos asomarnos al pensamiento sonoro de Mozart.

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Wolfgang Amadeus Mozart

Salzburgo, 1756 – Viena, 1791

El Concierto nº 17 para piano y orquesta en Sol mayor K.453, fue compuesto en 1784, su annus mirabilis en aquella Viena ávida de música, para una de sus alumnas predilectas, la Signora Bárbara Ployer, a quien está dedicado y que, sin duda, debía ser una destacada pianista. La obra es un ejemplo de toda la ambigüedad de que era capaz el autor en el terreno de los afectos; el oyente sensible descubrirá un sinfín de matices a los que dar una interpretación tan variada, como diverso sea su estado de ánimo. Asombroso es, también, que sin contar con clarinetes, ni trompetas, ni timbales, su orquestación sea un prodigio de eficacia en los recursos. Esta música sin duda, fundamenta la opinión de Lord Edward Fitzgerald cuando decía: “Mozart es tan hermoso que las gentes no saben reconocer que es también poderoso”.

En este enlace podemos escucharlo en la excelente versión de otro pianista húngaro Dezső Ránki –que en numerosas ocasiones ha formado dúo con Kocsis- y la English Chamber Orchestra, dirigidos por el sensible y meritorio Jeffrey Tate:

http://www.youtube.com/watch?v=CWv-BUfpKfA

Unos kilómetros al norte, y casi un siglo después de que lo hiciera Mozart, escuchó sus primeros sonidos un checo prodigioso.

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Antonín Dvořák

Nelahozeves, 1841 – Praga, 1904

Dvořák creó un idioma de ritmos vivos, melodías inspiradas, armonías inteligibles y un sentido del color orquestal lozano y atractivo. Su música es animada, fresca y sentimental, sin caer nunca en la vulgaridad. Junto con Smetana fue el impulsor de la música plenamente checa, pero su lenguaje trasciende fronteras y puede decirse que  es uno de los compositores más dotados de finales del siglo XIX.

La Sinfonía nº 7 en re menor Op.70 fue un encargo de la Sociedad Filarmónica de Londres, la misma que unos sesenta años antes había solicitado a Beethoven su Novena (qué sensibles e inteligentes gestores). A dicha sociedad está dedicada y estrenada en el St. James’s Hall de Londres, con el compositor a la batuta, el 22 de Abril de 1885. Cuando trabajaba en la partitura, el autor dejó escrito: “la sinfonía debe tener una talla tal como para conmover al mundo” y desde luego, lo hace. Sus temas son profundos y de gran impacto emocional y el formato en el que se hospedan –con el modelo de sinfonía brahmsiana como referente- junto con su fértil imaginación, aseguraron a Dvořák, desde el estreno, un lugar destacado en la historia de este género.

Más información del concierto en:

http://www.bilbaorkestra.com/esp/concierto.php?id=541

Que los colores de la música centroeuropea les iluminen la semana.