Lo que la música provoca: Barber, MacMillan y Dvořák

 

Esta semana la Orquesta Sinfónica de Bilbao ofrecerá una provocación sonora, a partir de la interpretación de la música de tres autores de tres siglos (XIX, XX y XXI), las habilidades técnicas y expresivas de la excelente percusionista Evelyn Glennie y la dirección de Marcus Bosch.

El próximo jueves 3, a las 18:00 hs y en la sala B Terraza del Palacio Euskalduna, tendré el gusto de comentar las obras del programa, en una charla de acceso libre con la entrada al concierto.

 

La provocación empezará con el discurso sensible y pleno de nostalgia de un compositor, Samuel Barber, que se movió en la larga sombra del Romanticismo musical.

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Samuel Barber (Pensilvania, 1910 – Nueva York, 1981)

 

Su inspiración refinada y el claro origen vocal de su lenguaje, dotan a su música de una poesía y una afectuosidad que comunican fácilmente con quienes escuchan. El Adagio para cuerdas es, probablemente, su composición más famosa, desde el momento en que fue estrenada en 1936 en versión de cuarteto de cuerda. Pero su popularidad alcanzó el impacto propio de los medios de difusión masiva, cuando el 5 de noviembre de 1938, Arturo Toscanini al frente de la Orquesta Sinfónica de la NBC, ofreció por primera vez a millones de oyentes el arreglo para orquesta de cuerda a través de la radio. En el contexto de un país que se estaba recuperando de la Gran Depresión y de un intérprete genial y mediático –Toscanini-, que manifestaba abiertamente su oposición a los regímenes fascistas que iban cobrando fuerza en Europa, de donde acababa de llegar a Estados Unidos para quedarse, el Adagio de Barber provocó una intensa respuesta emocional en la audiencia y ha permanecido en la memoria colectiva como pieza obligada en situaciones de alta carga emocional, como el anuncio de los fallecimientos de Roosevelt y J.F. Kennedy, en la conmemoración de las víctimas del 11S, o en los funerales de Albert Einstein –declarado melómano y violinista amateur- o Grace de Mónaco. En la sencillez de la melodía, en el calor del timbre, en el lirismo que conmueve, en el abrazo del legato, en la repetición de una idea que acaba siéndonos tan familiar… ahí radica el poder expresivo de esta partitura y su incitación a sentir.

En este enlace, podemos escuchar la versión de Leonard Slatkin al frente de la Orquesta Sinfónica de Detroit:

 

 

Y tras la conmoción afectiva, llegará la catarsis alentada por una plantilla instrumental rica y provocadora en la imaginación de James MacMillan, que persigue con su música la combinación de espectáculo rítmico -y visual-, estímulo emocional puro y meditación espiritual.

 

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James MacMillan (Kilwinning, Escocia, 1959)

 

En 1992 escribió el Concierto para percusión y orquesta Veni, Veni, Emmanuel, que no es la única composición del autor inspirada por temática religiosa.

MacMillan dedicó la obra a sus padres y está basada en el canto llano de Adviento del mismo título. El propio compositor nos indica que comenzó a escribirla el primer domingo de Adviento de 1991 y la finalizó el domingo de Resurrección de 1992. Según sus palabras, la importancia de ambas fechas litúrgicas se manifiesta en que al final de la obra hay un enlace entre el Adviento y la Pascua de Resurrección, de tal manera que la proclamación de la liberación que llega con el adventus Redemptoris -venida del Redentor-, encuentra su encarnación en el Cristo Resucitado.

La intención del autor es que la composición pueda ser considerada en dos sentidos. Por un lado, como música pura, cuyo material deriva del canto llano francés del siglo XV; pero también a través de una exploración teológico-musical de lo que supone el mensaje de Adviento.

A la inmediatez de la percusión y su efecto sobre los oyentes, sin apenas necesidad de procesar la información auditiva que nos llega, se suma la crítica que el periódico The Guardian hizo en el momento del estreno: “… un compositor tan seguro de su propio lenguaje musical que hace que su música sea comunicativa al instante para sus oyentes”.

Podemos escuchar y ver aquí a Claire Edwardes con la Vector Wellington Orchestra, dirigidos por Marc Taddei

 

 

Y la última obra del programa nos propondrá un viaje al Romanticismo pleno, a través de un cicerone con poder de convocatoria: Antonin Dvořák, compositor nacido en un entorno muy rico musicalmente, ya que en su Bohemia natal la música formaba parte de la educación de todos.

 

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Antonin Dvořák (Nelahozeves, República Checa, 1841 – Praga, 1904)

 

Su Sinfonía nº 6 en Re Mayor Opus 60, es una sinfonía clásico-romántica coloreada de nacionalismo y representa una primera cima de su evolución musical, ya que Dvořák no solo se había convertido ya con cuarenta años en un músico genial, sino también en un verdadero sinfonista, con lo que eso significaba en la larga estela que, partiendo de Haydn, había recorrido ya Brahms. Exhibe toda la energía de una exuberancia alegre y campestre y en su rotundidad revela a un compositor que, como señalaba su contemporáneo el musicólogo Hermann Kretzschmar, “mira de frente, con ojos de niño”.

En esos paisajes checos, en los que Dvořák halló paz espiritual, también encontró paisanos que bailaban danzas de ritmos vigorosos, pletóricos de alegría contagiosa. En este enlace podemos deleitarnos, escuchando el Scherzo del que emana toda la energía de la tierra a través de una danza típica de la región de Bohemia: la furiante. La versión es de la Orquesta Sinfónica de Londres, dirigida por István Kertész:

 

 

Benditas sean las provocaciones de la música. Ríndanse a ellas y disfrútenla.

 

 

 

 

 

 

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Hecho en América

Esta semana, la Orquesta Sinfónica de Bilbao, el violinista Paul Huang y el director Carlos Miguel Prieto, nos invitan a disfrutar del colorido musical concebido al otro lado del Atlántico,

El viernes día 6, a las 18:00 hs y en la Sala B Terraza del Palacio Euskalduna, tendré el gusto de comentar las obras del programa, en una charla de acceso libre con la entrada al concierto.

 

 
El festín empezará con el Danzón nº 2 de Arturo Márquez.

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Arturo Márquez (Álamos, México, 1950)

La obra es una composición para orquesta cargada de colores y plena de pasión. En ella encontramos dos de los amores del compositor: su hija Lily, a quien la obra está dedicada, y la ciudad de Veracruz, de la que Márquez declara que se enamoró en 1990, precisamente a través del danzón, baile de salón que los veracruzanos practican con devoción y que vivió su edad de oro en la década de 1940, como derivado del original cubano.

Músico curioso y polifacético, Márquez toca el trombón, la tuba, el piano y el violín y sus primeras lecciones llegaron, como él mismo declara, a través de la escucha de “valses, chotises y polkas que interpretaba el cuarteto de mi padre, violinista, mariachi y carpintero”, en el que también participaba su abuelo.

Esta deliciosa pieza sinfónica, una de las más programadas del repertorio mexicano por las orquestas de todo el mundo, sintetiza con eficacia y elegancia lo mejor de dos mundos sonoros: el de la tradición popular y el de la creación académica. Es fresca y artesana; espontánea y cincelada. Una paradoja para saborear, con especial deleite en los solos: de clarinete, oboe, piano, violín, trompeta…

En este enlace, se puede escuchar la versión de Gustavo Dudamel al frente de la Orquesta Simón Bolívar:

https://www.youtube.com/watch?v=PA7vEIj6Lzk

La velada seguirá con el Concierto para violín y orquesta Op 14 de Samuel Barber.

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Samuel Barber (West Chester, Pensilvania, 1910 – Nueva York, 1981)

En la mayoría de los conciertos para violín, la sensibilidad y el virtuosismo encuentran un equilibrio perfecto, que hace que nuestros oídos pivoten entre la emotividad y la admiración hacia el intérprete. En el Concierto de Barber, lirismo y acrobacia están claramente separados. El origen de esta desproporción parece hallarse en el hecho de que la obra proviene del encargo de un hombre de negocios norteamericano (ya se sabe, las consecuencias del mecenazgo), con vistas a que fuera estrenada por su hijo adoptivo, un joven prodigio que al leer los dos primeros movimientos, con su gran carga sensible, concluyó que no eran satisfactorios para el lucimiento de sus habilidades. Barber prometió compensar esta ausencia de espectáculo en la escritura del tercer movimiento y lo hizo de tal modo que el joven intérprete decidió que el concierto era intocable: el sonido se había convertido en pirueta.

Para disfrutar de la versión de Gil Saham y la BBC Symphony Orchestra, dirigidos por David Robertson, podemos asomarnos a un “Prom” en el Royal Albert Hall de Londres, lo cual es siempre un placer:

https://www.youtube.com/watch?v=KHZE_yh2ucY

Y tras invitarnos a escuchar con los pies y a envolvernos en poesía, el programa nos acercará a la tragedia histórica, a través de la Suite de La noche de los Mayas de Silvestre Revueltas.

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Silvestre Revueltas (Santiago Papasquiaro, México, 1899 – México DF, 1940)

Esta música fue concebida como banda sonora de la película del mismo nombre que su compatriota, el cineasta Chano Urueta, realizó en 1939. La versión que se nos ofrece es un arreglo realizado en 1960 por José Ives Limantour, también director de orquesta, que fue titular de la entonces llamada Orquesta Municipal de Bilbao, entre 1953 y 1957. Con una técnica orquestal efectista y de alta calidad, se persigue la escenificación en la sala de conciertos de un ritual maya que requiere la participación de un número inusual de percusionistas en una orquesta sinfónica, dando como resultado una música de corte paisajista, que ilustra ricamente escenas folclóricas y evoca el pasado prehispánico. Lo étnico atrae y lo primitivo zarandea nuestros oídos en la narración de una trágica historia de amores imposibles, cuyas consecuencias se enmarañan en el vigor insondable de la selva.

La suite se balancea entre la emoción, el dramatismo descriptivo y el espectáculo sonoro y en este enlace, podemos escuchar el primer movimiento, que evoca la grandeza de los paisajes precolombinos y la majestad del pueblo indígena. La interpretación es de la Orquesta de París, dirigida por la joven directora Alondra de la Parra. Sí, han leído bien: directora.

Más información del concierto en este enlace:

https://www.bilbaorkestra.eus/esp/concierto.php?id=666

Déjense cautivar por el color de la música transoceánica y disfruten.