La música en relación

 

La Música, con su esencia intangible e informe, se relaciona con facilidad con las múltiples acciones y manifestaciones humanas. Pero también, y con gran naturalidad, con otros lenguajes artísticos como la literatura, la danza, la pintura, el cine…

 

OFM

 

Mañana, sábado 23, dedicaremos la sección radiofónica de los colores de la música a la música que acompaña, refleja o comunica el argumento de una obra de teatro, el perfume de la poesía, los colores de un cuadro o las entretelas de un guion cinematográfico.

Ya saben, alrededor de las 21:30 hs en el programa La galería de Radio Euskadi.

 

 

OFM

 

Y también la música puede colorear las artes decorativas, como esos Azulejos que dejó a medio pintar -porque le sorprendió la muerte- Isaac Albeniz y que terminó de embellecer Enrique Granados.

En este enlace podemos acceder a la interpretación de Alicia de Larrocha, siempre referencia, a quien también recordaremos en los colores de La galería porque mañana sábado habría cumplido 97 años.

 

https://www.youtube.com/watch?v=xPCVr7OaL0E

 

Extraordinaria pianista, de larga carrera y sonoridad irrepetible.

 

Alicia de Larrocha

Alicia de Larrocha  

Barcelona, 23 de mayo de 1923 – Barcelona, 25 de septiembre de 2009

 

 

Disfruten.

 

 

 

“Me llamo Erik Satie, como todo el mundo.”

 

 

El domingo 17 de mayo se cumplirán 154 años del nacimiento de Erik Satie, una de las mentes más lúcidas de su tiempo.

 

Satie

Erik Satie (Honfleur, 17 de mayo de 1866 – París, 1 de julio de 1925)

 

 

Su sentido estético y su aguda inteligencia (maravilla de combinado) se manifestaron en su música, pero también en sus escritos, en sus dibujos e incluso en su vida, cuya faceta privada supo mantener en la esfera que le corresponde, hasta el último día. Milagroso equilibrio para un hombre que se prodigaba en el París efervescente del cambio de siglo.

 

caricatura Satie

Autorretrato de Satie: “Vine al mundo muy joven en un tiempo muy viejo”

 

 

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Satie compartió cafés y conciertos con algunos de los grandes creadores de principios del siglo XX. Algunos de ellos lo retrataron:

 

Satie por Cocteau

Satie por Cocteau

 

 

Satie por Picasso

Satie por Picasso

 

 

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En este enlace podemos degustar una música de la que emanan algunas de las cualidades que muchos deseamos a nuestro alrededor: serenidad, discreción, belleza y cierta dosis de misterio. La elegante y plácida Gymnopédie nº 1, está interpretada por otro francés exquisito, Jean-Yves Thibaudet:

https://www.youtube.com/watch?v=WLQNbuJGwEg

 

 

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Con esta misma pieza recordaremos a Satie en el espacio los colores de la música del programa La galería de Radio Euskadi el próximo sábado, al filo de las 21:30 hs.

Él, que supo dirigir su mirada hacia lo oriental (principalmente hacia las reminiscencias orientales que habitan en Europa), ha sido el estímulo para buscar un colorido sonoro fuera de las fronteras europeas. En la versión radiofónica de los colores de la música recorreremos el mundo viajando por América, África, Asia y Oceanía. ¿Se animan al periplo musical?

 

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En el 150 aniversario de su nacimiento, este humilde cuaderno virtual brindó un pequeño homenaje a Erik Satie. Él no habría aceptado nada más suntuoso. Quien quiera recordarlo puede hacerlo a través de este enlace:

https://loscoloresdelamusica.wordpress.com/2016/05/17/me-llamo-erik-satie-como-todo-el-mundo/

 

El mundo de la música no conoce fronteras. Disfruten de todos sus recodos y paisajes.

 

 

Mayo, milagro de flores y música

 

 

En el nutridísimo catálogo de composiciones cosidas a la Historia de la Música, hay un buen ramillete de piezas que desprenden un gustoso aroma floral.

Una de las más conocidas es el gozoso Vals de las flores que perfuma el ballet Cascanueces, estrenado en San Petersburgo en 1892 con música de Tchaikovsky sobre la adaptación de Alejandro Dumas, padre, del cuento El Cascanueces y el rey de los ratones de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann.

 

 

TCHAIKOVSKY

Piotr Illich Tchaikovsky (Votkinsk, 1840 – San Petersburgo, 1893)

 

 

Podemos escuchar aquí la versión de la Orquesta Filarmónica de Berlín dirigida por Daniel Baremboim:

 

 

 

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La belleza de las flores puede mostrarse en ramos exuberantes, como el anterior, pero también en los ejemplares de pequeña dimensión. Hay flores diminutas que exhalan una fragancia poderosa…

Germaine Tailleferre perfiló varios dibujos sonoros de algunas Flores de Francia, como el Jazmín de Provenza, la Rosa de Anjou, el Girasol de Languedoc y algunas otras.

Germaine-Tailleferre

Germaine Tailleferre

Saint-Maur-des-Fossés, Val-de-Marne, 1892 – París,1983

 

 

En el enlace de abajo podemos acceder a un manojo de estas flores francesas que tan bien caracterizó Tailleferre a través del piano (entre los minutos 24 y 33):

https://www.youtube.com/watch?v=2yT7NNvcA0I

 

 

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Pero las flores en la música también han exhibido su belleza a través de la voz. Uno de los más extraordinarios ejemplos de esto es el Dúo de las flores de la ópera Lakmé de Leo Delibes.

 

Leo Delibes

Léo Delibes

Saint-Germain-du-Val, 1836 – París, 1891

 

 

A través de este enlace nos colamos en una grabación que resulta conmovedora por la búsqueda que los intérpretes hacen de la perfección, para ponerla al servicio de la música y de la belleza. En ella podemos deleitarnos con el perfume vocal de la soprano Sabine Devieilhe y la mezzo Marianne Crebassa,  cuando cantan:

 

Bajo la cúpula espesa donde el blanco jazmín a la rosa se asemeja, sobre la orilla florida, risueña a la mañana, ven, vayamos unidas.

 

Ambas unen sus excelentes voces a la orquesta Les Siècles, bajo la batuta de François-Xavier Roth:

https://www.youtube.com/watch?v=C1ZL5AxmK_A

 

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Este sábado 2 de mayo, dedicamos la versión radiofónica de los colores de la música al fabuloso universo de las flores. Sobre las 21:30 hs en el programa La galería de Radio Euskadi.

 

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Y como broche a esta pequeña selección que quiere dar la bienvenida al luminoso mes de mayo, podemos escuchar un poco de música de Las bodas de Fígaro de Mozart, con libreto de Da Ponte basado en la segunda parte de la trilogía creada por Beaumarchais sobre el personaje de Fígaro. La ópera se estrenó en Viena un 1 de mayo, el de 1786.

 

MOZARTWolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 1756 – Viena, 1791)

 

En el enlace de abajo, el olor de la ofrenda floral del coro de campesinas del Tercer Acto que cantan esto:

 

Recibid, oh señora estas rosas y estas flores

que hemos recogido esta mañana para mostraros nuestro amor.

Somos todas campesinas y somos todas pobrecitas,

pero lo poco que tenemos os lo damos de buen corazón.

 

Es la versión escénica de John Eliot Gardiner y el Coro Monteverdi en el Queen-Elizabeth Hall de Londres:

 

https://www.youtube.com/watch?v=SVH15T76EQQ

 

 

Disfruten de estos dos excelentes dones que son las flores y la música.

 

 

Henry Mancini. Elegante y popular

 

 

Ayer se cumplieron 96 años del nacimiento de Henry Mancini. Uno de los clásicos de las bandas sonoras para el cine y la televisión.

 

Henry Mancini

Henry Mancini

Cleveland, Ohio, 16 de abril de 1924 – Beverly Hills, 14 de junio de 1994

 

 

 

 

Comenzó su carrera formando parte de un grupo de compositores y arreglistas que trabajaban a destajo produciendo partituras que pudieran luego encajar en las producciones de los estudios Universal.

Pero su talento logró que alzara el vuelo y se diera a conocer por su propio trabajo. Su despegue fue espectacular: el famoso plano secuencia de la película Sed de mal (1958) de Orson Welles está coloreado por su música:

https://www.youtube.com/watch?v=SbgfiAw3E8A

Además de los patrones jazzísticos -que formaban parte de la propia banda sonora de Estados Unidos en aquel momento- Mancini utilizó una serie de ritmos latinos (tan apropiados en esta película) que llamaron mucho la atención y que usó también con éxito en otras bandas sonoras como Charada (1963) de Stanley Donen. Por cierto, los títulos de crédito de esta película son espectaculares y se cosen a la música de manera sugerente:

https://www.youtube.com/watch?v=XIsc0_J_vg0

 

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El director Blake Edwards, fascinado por el talento de Mancini en Sed de mal, lo contrató para que pusiera música a una serie de televisión, Peter Gunn. El compositor no defraudó y, además de crear un tema legendario que ha dado lugar a múltiples versiones, inició una larga y fructífera relación profesional con Edwards que floreció a lo largo de treinta años en 26 películas.

¿A quién no le suena este patrón musical a medio camino del rhythm and blues y el hot jazz?:

https://www.youtube.com/watch?v=wK-b5PLhrEI

 

Con Blake Edwards firmó también la archiconocida y pegadiza música para La pantera rosa. ¿Pueden ustedes escuchar está música sin mover un solo músculo de su cuerpo?:

https://www.youtube.com/watch?v=5aBcJV1DuoM

 

OFM

 

Mancini era un músico de raza y su interés por la música popular no interfería en la finura del trazado de sus melodías (¡esos antepasados italianos!). Entre las características de su lenguaje están la elegancia, la instrumentación cuidada y no muy cargada, ese exquisito enlace entre lo popular (su propia mirada hacia varios estilos: jazz, latino, rhythm and blues, folk, o incluso pop) y la genuina inspiración, espontánea y fresca, que hace que su música parezca milagrosamente sencilla y conmovedora, como en Desayuno con diamantes (1961), también de Blake Edwards, por la que recibió el óscar a la mejor BSO y a la mejor canción (con letra de Johnny Mercer):

https://www.youtube.com/watch?v=OJRNcrBlfAk

 

Audrey Hepburn, querida amiga y protagonista de esta película, le escribió esta carta de agradecimiento, tras ver Desayuno con diamantes con la banda sonora:

Querido Henry,

Acabo de ver la película Desayuno con diamantes, esta vez con tu banda sonora.

Una película sin música se parece un poco a un avión sin combustible. Aunque se haya hecho el trabajo lo mejor posible, seguimos quedándonos en tierra y en el mundo real. Tu música nos ha hecho despegar y elevarnos por el cielo. Todo lo que no pudimos decir con palabras o mostrar con acciones, lo has expresado tú por nosotros. Has hecho todo con tanta imaginación, diversión y belleza.

Eres alucinante y el compositor más sensible de todos. Gracias, querido Hank.

Con mucho amor,

Audrey

con Audrey Hepburn

 

 

Ese fraseo de amplio vuelo y la elegancia en una orquestación rica pero nunca saturada, se percibe en la extraordinaria Días de vino y rosas (1962), también firmada por Edwards:

https://www.youtube.com/watch?v=wP9KxqyIpAA

 

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Mancini escribió unas cien bandas sonoras y recibió numerosos premios. Además de compositor, dirigió varias orquestas entre las que destacan algunas de primera categoría como la Filarmónica de los Ángeles, la Sinfónica de Londres o la Filarmónica de Israel. Participó en el floreciente negocio discográfico, haciendo arreglos de su propia música con los que ofrecer al gran público una suerte de suites de sus bandas sonoras. También estuvo siempre abierto a las colaboraciones con otros artistas.

con Pavarotti

Henry Mancini y Luciano Pavarotti

 

 

Mancini tocaba el piano y la flauta con cierta soltura y en su música abundan los solos instrumentales: saxofón, guitarra, piano, trompa, clarinete…

 

 

Este último inicia el tema que acompaña el baño de los pequeños elefantes en Hatari! (1962) de Howard Hawks:

https://www.youtube.com/watch?v=3yl0cjXDNO0

 

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Mañana sábado 18 de abril, dedicaremos los colores de la música radiofónicos a la música cinematográfica, recordando entre otros a Henry Mancini. Ya saben, en La galería de Radio Euskadi, hacia las 21:30.

Disfruten siempre de la buena música.

 

 

 

 

Una reflexión sonora. El Mesías de Haendel

 

 

 

Aunque nacido en Alemania, la parte más gloriosa de la carrera de Haendel floreció en Londres. En esta poderosa ciudad, una monarquía interesada y una próspera burguesía, ávida de música, hicieron posible que el sajón sembrara de espléndidos sonidos la escena musical londinense.

 

haendel

Georg Friedrich Haendel (Halle, 1685 – Londres, 1759)

Retrato de Thomas Hudson (1749)

 

 

 

 

A lo largo de la Historia muchos compositores han puesto banda sonora a la Semana Santa y aunque El Mesías de Haendel narra, de manera resumida, la vida completa de Cristo: su Nacimiento (Parte I), su Muerte (Parte II) y su Resurrección (Parte III), fácilmente se lo asocia a esta época del año litúrgico.

El Mesías fue compuesto en una especie de arrebato febril en apenas tres semanas y estrenada en Dublín en abril de 1742, en una sesión a favor de presos y enfermos de diversos hospitales.

 

dublin

Musick Hall en Fishacre Street, Dublin

 

Este carácter benéfico marcó sin duda esta música. La presentación en Londres se produjo en el Covent Garden en marzo de 1743 con el nombre de “Drama sacro”, con el fin de sortear las críticas recibidas por utilizar un teatro para representar una obra de carácter religioso y con unos intérpretes que hacían gala de unas voces tan “operísticas” y que nada tenían que ver con la liturgia.

 

 

covent garden

Haendel tocando el órgano en el Covent Garden Theatre

 

 

El resultado fue desigual y Haendel revisó la partitura. En 1750 volvió a sonar en el Foundling Hospital a beneficio de los huérfanos, lugar que sería sede de actuaciones benéficas regulares de El Mesías a partir de entonces. En aquella ocasión, además, el concierto fue de modalidad “abierta” al público en general, sistema que se fue implantando en los años siguientes en las principales ciudades europeas y que contribuyó a la renovación de los géneros musicales.

 

 

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The Foundling Hospital

Después de la muerte de Haendel, las interpretaciones de El Mesías se multiplicaron fuera de Londres: se escuchó en Florencia (1768), Nueva York (extractos, 1770), Hamburgo (1772), Mannheim (1777)… y así ha acabado siendo una de las composiciones más populares de la Historia de la Música.

 

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Haendel demuestra en El Mesías su enorme capacidad para reunir diversos elementos en un conjunto muy homogéneo: grandiosidad armónica, expresividad melódica (al estilo italiano), elaboración contrapuntística (de sello alemán), sentido dramático, esplendor quasi operístico, pompa y solemnidad (al gusto inglés).

Más que el desarrollo de un argumento sagrado, El Mesías supone una reflexión sobre el misterio de la Redención y la relación del hombre con Dios. Milagro de equilibrio entre la intención “dramática” y la “contemplativa”, la obra no es de uso litúrgico, pero tiene una fuerte inspiración religiosa trascendental. Sin embargo, es tan “teatral”, como para requerir una sala de conciertos o un templo lo suficientemente grandioso, para su representación.

El texto es obra de quien fuera libretista habitual de Haendel, Charles Jennens, a partir de pasajes tomados del Libro de los Profetas, Salmos, Evangelios, Hechos de los Apóstoles, Apocalipsis y las Cartas de San Pablo, en la versión de la Biblia de 1539.

Hacia el final de su vida Haendel manifestó el deseo de morir un Viernes Santo. Falleció en Londres el 14 de abril de 1759, pocos días después de asistir a una representación de El Mesías.

 

 

OFM

 

 

Uno de los números más célebres del oratorio es el Aleluya que, en una explosión de regocijo, incorpora timbales e instrumentos de viento metal, cerrando la segunda parte de la obra en previsión de la felicidad que para los creyentes supone la Resurrección. La costumbre anglosajona de ponerse en pie para escucharlo se originó en la creencia de que, en el estreno en Londres, el rey Jorge II lo hizo, pero no hay pruebas convincentes de que el rey estuviera presente. La primera referencia a esta práctica aparece en una carta fechada el 1756.

A través de este enlace, viajamos a Londres para escuchar la versión de Sir Colin Davis al frente de la Orquesta Sinfónica de Londres y el Coro Tenebrae:

 

 

Y sobre el asombro que produce en el oyente semejante inspiración, nos dice Haendel: “Si el Aleluya estaba o no en mi cuando lo compuse, lo ignoro. Sabe Dios…”.

Y quiera Dios, en su sabiduría sonora, que pronto podamos de nuevo gozar de la música en directo. Mientras tanto, tenemos el lujo de acceder a ella de múltiples formas.

 

El próximo sábado 11 de abril, dedicamos la sección radiofónica de los colores de la música a la Semana Santa y a la música que tiene que ver con la Resurrección. Ya saben, a las 21:30 hs en La galería de Radio Euskadi. Disfruten.

 

 

 

 

 

 

 

Como en un oasis. La Cuarta de Beethoven.

 

 

Ninguno de los atributos que nos regala la música -multiplicados hasta el infinito por incontables matices- son desdeñables en estos momentos. Entre tanta austeridad a la que nos obligan las circunstancias -¡qué lejos quedan los abrazos, los brindis, las amistades, la Naturaleza!- la Cuarta Sinfonía de Beethoven supone para nosotros un oasis de energía, alegría, belleza, agilidad, candor, virtuosismo…

 

Beethoven, 1819

Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770-Viena, 1827)

Retrato de 1819 de Ferdinand Schimon (Beethovenhaus, Bonn)

 

 

1806 fue un año prodigioso para la creatividad de Beethoven: compuso los Cuartetos Razumovski, el Concierto para violín, gran parte del Cuarto Concierto para piano, las 2ª y 3ª oberturas de Leonora y la Cuarta Sinfonía.

Esta última la escribió en gran medida durante el verano, que pasó en el solariego castillo de los Brunszvik, en la húngara Martonvásár. Allí Beethoven encontró celebración y amistad en el seno de esta familia a la que había conocido en 1799, cuando Therese von Brunszvik apareció por primera vez en su apartamento de Viena con sus Trios Op 1 bajo el brazo, que tocó en el desafinado piano de Beethoven, cantando a la vez las partes de las cuerdas. A partir de aquel encuentro, el compositor puso en esta familia sus esperanzas de amor (sobre todo en Josephine) y de amistad (encontró esta última).

 

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La Sinfonía nº 4 en Si bemol Mayor Op 60 supuso para Beethoven un paréntesis en la elaboración de la Quinta, en la que había estado trabajando desde 1803 y resultó ser un verdadero oasis de distensión entre el heroico vigor de la Tercera y la trascendencia profunda de la Quinta, reflejando una fugaz alegría de vivir, tal vez inspirada por la belleza de la Naturaleza que le rodeaba en aquel hermoso pedazo de Hungría y por la ilusión de su amistad con los Brunszvik. Además, y pese a que los románticos consideraban a Beethoven enteramente suyo (probablemente a causa de la profunda impresión que les produjo la soledad a la que le empujaba su creciente sordera, en una Viena entregada a los placeres mundanos), no hay que olvidar que fue hijo de la época que le vio nacer y por tanto hizo eco en su obra del optimismo y la fe en el ser humano, que inundaban la filosofía de la Ilustración.

 

 

Martonsávár 2

Palacio Brunszvik en Martonvásár

 

 

 

La Cuarta Sinfonía se estrenó en marzo de 1807, en un concierto por suscripción en el palacio vienés del príncipe Lobkowitz, en una larga velada de alrededor de cuatro horas, dedicada íntegramente al compositor: se interpretaron las cuatro primeras sinfonías, el Cuarto Concierto para piano y orquesta, la Obertura Coriolano y algunas arias de Leonora.

Está dedicada al conde Graf Franz von Oppersdorff a quien, unos meses antes, Beethoven había visitado en su castillo en Silesia. Era éste un apasionado melómano que poseía orquesta propia -como tantos aristócratas vieneses en aquellos años- y la llevaba consigo en sus estancias fuera de Viena. Encantado con la visita del compositor, le encargó dos sinfonías, la Cuarta y la Quinta. Resultaba un hecho hasta entonces sin precedentes que un aristócrata -y en el caso de Beethoven fueron varios- asegurara a un músico que no le prestaba a cambio ningún servicio, libertad para crear, en forma de pagos más o menos sustanciosos y por adelantado por su música. Beethoven, además, no dirigía su obra exclusivamente a estos mecenas, sino a un público imaginario, mejor cuanto más numeroso, no clasificado por estratos sociales ni por fronteras. Beethoven, sin hacerlo, lo hacía: ¡pensaba en nosotros!.

 

OFM

 

Esta sinfonía conserva algunos rasgos estéticos del periodo clásico, como la instrumentación no muy densa (solo cuenta con una flauta), su carácter amable, su sentido del equilibrio y sus dimensiones no muy extensas y sí proporcionadas. Pero, como marca de la casa Beethoven, su paleta de atmósferas es amplia y va desde lo misterioso o nocturnal, hasta lo bullicioso, pasando por lo romántico en sus múltiples facetas.

La obra está escrita en cuatro movimientos, el primero de los cuales cuenta con una introducción Adagio, que presenta una serie de ideas en esbozo, que serán trasformadas en los temas principales del Allegro vivace. Esto es un hallazgo beethoveniano que, junto a la audacia de reelaborar parte del material apuntado en la introducción y llevarlo al último movimiento, refuerzan la consideración de este compositor como puente entre dos épocas y dos formas de entender y elaborar la música sinfónica.

El segundo movimiento, Adagio, está escrito con delicada dulzura en compás ternario, sobre una base rítmica punteada que, gracias a la contundencia de la orquesta, pasa en ocasiones a primer plano. Los instrumentos de viento cantan en muchos momentos con un fraseo largo y legato, destilando el aroma de la influencia mozartiana.

El Menuetto: Allegro vivace, Trio: Un poco meno Allegro que sigue, manifiesta también el espíritu innovador de Beethoven, al romper con el molde clásico y repetir cada sección de forma no convencional, subrayando nuevamente la feliz convivencia entre libertad y tradición que Beethoven hizo posible para bien del lenguaje de la música y deleite de todos.

El Allegro ma non troppo final es la más alegre y desenfadada conclusión que Beethoven escribiera para una sinfonía, un bullicio sonoro y virtuosístico que pone a prueba a los instrumentistas de viento, con demandas técnicas (muchas veces en pasajes “al descubierto”), que hacen de este compositor uno de los que más han forzado a los músicos de orquesta a acrecentar su destreza (atentos a las agilidades de fagotes y contrabajos).

En este enlace podemos escuchar la versión de la Deutsche Kammerphilharmonie de Bremen, dirigida con mano segura y corazón alegre por Paavo Jarvi:

https://www.youtube.com/watch?v=RMzLZsoPDU4

 

OFM

 

Como señaló Berlioz tras la escucha de la Cuarta:

“Beethoven, con unas cuantas notas, es capaz de hacernos soñar, temblar, llorar y reír, sin que sea posible resistirnos a los impulsos que nos impone su pensamiento, irreparablemente…”

 

 

A Beethoven le gustaba el vino de los viñedos de Renania, regados por las aguas de su querido Rin. Propongo a todas las personas melómanas -y de manera particular a aquellas con quienes comparto los martes en el Instituto de Ocio de la Universidad de Deusto el interés por la música y la figura de Beethoven- un brindis por esta música hermosa, alegre y enérgica y alzo mi copa porque Beethoven siga poniendo luz a nuestras vidas. Disfruten.

 

 

En manos del talento. La Tercera de Beethoven

 

 

Una semana más alzamos nuestra copa -a Beethoven le serviremos vino del Rin, que tanto le gustaba- con todas las personas melómanas y, de manera especial, con aquellas con quienes comparto cada martes, en el Instituto de Ocio de la Universidad de Deusto, al amor por la música y la figura de este gran hombre.

 

Beethoven

Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770 – Viena, 1827)

W.J. Mähler, 1804 (Archiv für Kunst und Geschichte, Berlin)

 

 

 

La Sinfonía nº 3 en Mi bemol Mayor Op 55 de Ludwig van Beethoven marcó un hito en la evolución del lenguaje de la música, al dar al género sinfónico una dimensión colosal: como creación sonora y como apelación al individuo y a las masas o, en palabras del musicólogo Alfred Einstein, “al individuo dentro de las masas”.

 

 

OFM

 

 

Beethoven amplió la forma de la sinfonía, de manera que cupiese en ella toda la fuerza de los contrarios, toda la energía de su visión del mundo y su pensamiento musical, atrevido y repleto de originalidad.

Aun habiendo sido estrenada de forma privada en un escenario aristocrático –el palacio vienés de su amigo y mecenas, el violinista príncipe Lobkowitz- la Tercera Sinfonía es una composición dirigida al común de los mortales, en todo tiempo y en todo lugar: en el lejano 1804 y hoy; en aquella Viena melómana y megalómana y en el placer de la escucha anónima. Y esto es así porque, imbricado entre sus notas, cosido en su textura, expresado en sus indicaciones de carácter y coloreado en su instrumentación, habita un universo de convicciones, emociones y anhelos, tan humanos en el genio de Beethoven, como en quienes le estaremos eternamente agradecidos por haber dedicado su vida a hacernos más felices y a mejorar el mundo en que vivimos.

Al ser Intitolata Bonaparte, la obra fue ya concebida como homenaje a quien, en algún momento, había encarnado y aireado por Europa los derechos humanos de “libertad, igualdad y fraternidad”. Pero, en el fondo, era un tributo a los propios valores. Es más, cuando -pocos meses antes del estreno- Beethoven supo que Napoleón se ceñiría la corona de emperador, tachó la dedicatoria con tanta rabia y determinación que la portada del manuscrito, rasgada, quedó como documento fehaciente de las convicciones irrenunciables y de la coherencia ética del compositor. Beethoven siempre se sintió afín a las ideas filosóficas de la Ilustración francesa y su obra está cargada de ese ensalzamiento de la persona.

manuscrito Eroica

Portada del manuscrito de la “Heroica”, con la rasgadura en la dedicatoria

 

 

 

Pero además de articular el credo de un humanista convencido, verdadero hijo de su tiempo, esta magnífica creación sinfónica sirvió de espejo reflector de los aspectos más personales de un hombre que, tan solo unos meses antes –en octubre de 1802-, había hecho una catarsis de sus zozobras vitales, expresándolas de modo sincero y valiente en su Testamento de Heiligenstadt, en el que daba fe de la desolación que le causaba su enfermedad, al tiempo que plasmaba la fuerza de su tesón y su inquebrantable “amor hacia la humanidad”.

 

OFM

 

La cualidad dramática de la Tercera sigue dejando atónitos a quienes reconocen el valor absoluto -no sujeto a programa- de la partitura, su amplitud dimensional -a todos los niveles- y su naturaleza innovadora, reflejada en la utilización de disonancias atrevidas, en la resolución inesperada de tensiones armónicas o desarrollos temáticos, en el manejo de un contrapunto poderoso en múltiples ocasiones y en la renovación formal. Todas estas técnicas de composición fueron, a un tiempo, los síntomas y el resultado de un nuevo ideal sinfónico. Pero por encima de todo, nuestro gozoso descubrimiento de rasgos, giros o matices diferentes en cada escucha, son prueba indiscutible de que la obra está llena de vida y es fuente inagotable de deleite musical.

En este enlace podemos disfrutar de la briosa interpretación que hace de la Tercera Paavo Jarvi al frente de la Deutsche Kammerphilharmonie de Bremen:

https://www.youtube.com/watch?v=cziRynzmWaA

 

El primer movimiento Allegro con brío constituye hoy, al igual que cuando fue concebido, uno de los grandes tesoros de la música, en el prodigio de su unidad estructural y en la intensidad de sus detalles que, con energía inmensa y claridad suprema, se articulan de manera magistral y única en un todo orgánico. Y esto tiene el mismo enorme valor como construcción musical que como milagro estético.

En la Marcha fúnebre que sigue, Beethoven da una vuelta de tuerca y su espíritu audaz le lleva a escribir un movimiento de una longitud inaudita para la época –casi la misma que muchas sinfonías contemporáneas completas- y de un carácter que no volverá a cristalizar en una sinfonía hasta la llegada de Mahler. Pero su intrepidez se alía aquí con el orgullo pleno de quien se sabe dotado ya que, hacia la mitad del movimiento, el compositor utiliza material procedente de un coral de Bach, que ya había usado Mozart en La flauta mágica. De este modo, declara su convicción rotunda de que recibe el talento de aquel, de las manos de éste.

Podemos disfrutar a través de este enlace de la versión que Claudio Abbado, dirigiendo a la Filarmónica de Berlín, hace de la Marcha fúnebre:

https://www.youtube.com/watch?v=fCjdnaSZZdg

 

Sin embargo, y pese a los malos augurios que empañaban su día a día, Beethoven dejó escrito: “Mi resolución de perseverar será firme y aguantaré hasta que a las parcas inexorables les plazca cortar el hilo de mi vida” y en esta sinfonía, como en la mayoría de sus obras, exorciza la muerte con el poder de la vida y el Scherzo que sigue es una explosión de entusiasmo, vigor y resurrección sonora, que nos hace disfrutar de las atractivas agilidades del conjunto orquestal.

La obra concluye con un Allegro molto en el que un tema cantabile, casi infantil en su naturalidad, se alterna con la urdimbre de los pasajes fugados, haciéndonos pasar de la frescura a la trascendencia, sin dejar por ello de lado la plena belleza, la pericia musical y un palpitante optimismo.

 

OFM

 

El pasado 28 de diciembre, en La galería de Radio Euskadi, dedicamos “los colores de la música” al delicioso timbre del oboe y nos fijamos, entre otras piezas de otros compositores, en ese extraordinario pasaje de la marcha fúnebre de la Tercera, en el que su voz canta nostálgica y bella. Puede escucharse en este enlace:

https://www.eitb.eus/es/radio/radio-euskadi/programas/la-galeria/audios/detalle/6931174/audio-el-misterioso-sonido-oboe/

 

Beethoven, en su compleja humanidad, quiso abrazar a millones a través de su música. Por eso nos convocó también a nosotros y en los años de concepción de su Heroica dejó escrito:

“Adiós y no me olviden del todo cuando haya muerto”

 

Sería imposible hacerlo, aun cuando el genio hubiese escrito tan solo esta partitura bella, poderosa y rebosante de humanidad.

Disfruten la fortuna que supone estar, al menos por un rato, en manos del talento.

 

 

Franz Joseph Haydn. Un brindis por la música

 

 

Mañana, 31 de marzo, se cumplen 288 años del nacimiento de Joseph Haydn.

 

Haydn

Joseph Haydn (Rohrau,1732 – Viena, 1809)

 

 

 

Retratado siempre como un hombre bienhumorado y sencillo debido a sus orígenes humildes y a la falta de conflictos en su vida, sus años de mansa servidumbre, su entrañable ingenio musical y su conformidad con la vida alimentaron un catálogo extenso, bien construido y no falto de creatividad ni belleza, muy acorde con la estética de la época que le tocó vivir.

Contemporáneo de James Cook, Catalina La Grande o George Washington, sus inicios no auguraban la fama -merecidísima- que ya disfrutó en vida y que llega hasta nuestros días.

Joseph Haydn nació en una zona de la Baja Austria habitada por una mezcla de colonos de varios lugares de Europa y expuesta a una gran variedad de estilos folklóricos y tradiciones culturales. Aunque hijo de carretero y cocinera, fue en su casa donde recibió las primeras nociones de música, ya que su padre solía tocar el arpa y acompañar su canto con ella, pasatiempo que compartía con sus hijos. Sin embargo, el pequeño Joseph abandonó el hogar familiar a la edad de seis años, también por motivos musicales: tenía una hermosa voz y grandes cualidades para utilizarla de manera virtuosa. Aunque hay poca información de la infancia y juventud de Haydn, sabemos algunas cosas que el viejo Haydn narró a sus dos primeros biógrafos al final de su vida. Y a pesar de que, al parecer, la memoria le fallaba y algunos datos son contradictorios, el músico les narró que fue a vivir con un pariente de su padre, maestro de escuela y de coro, con el fin de desarrollar su hermosa voz y “valerse en la vida”:

“En casa del primo Franck aprendí a leer, escribir, recitar el catecismo, cantar y tocar casi todos los instrumentos de viento y cuerda, sin olvidar los timbales. Quedo infinitamente reconocido a este hombre, más allá de la tumba, por haberme aportado tanto, incluso de él mismo, puesto que he recibido con creces más golpes que alimentos.”

 

 

Con 8 años se trasladó a Viena para formar parte del coro de San Esteban y pasó allí los siguientes veinte años de su vida. Con el cambio de voz, debió ganarse la vida dando algunas clases de clavicordio, tocando el órgano en algunas iglesias y el violín en bailes y serenatas…

La realidad era que no había recibido una sólida formación musical que pudiera servirle para desarrollar una carrera de compositor, pero un golpe de suerte, le llevó a tomar contacto con el compositor Nicola Porpora y se convirtió en su factótum:

“Los calificativos de asino, coglione, birbante, eran muy frecuentes, así como los golpes, pero yo lo soportaba todo con paciencia, puesto que en casa de Porpora hice grandes progresos en canto, composición e italiano.”

 

 

Otro guiño de la fortuna le llevó a entrar al servicio del príncipe Paul Anton Esterházy, que pertenecía a una de las familias más ricas, poderosas y cultivadas de Hungría. A través de las catorce cláusulas del contrato que firmó Haydn en 1761, el compositor se comprometía, entre otras cosas a lo siguiente:

“Componer toda la música que Su Alteza juzgara conveniente pedirle, sin comunicar sus composiciones a persona alguna y, sobre todo, sin hacerlas copiar, conservándolas para el uso exclusivo de Su Alteza y no componer para persona alguna sin que Su Alteza lo sepa o lo autorice por adelantado” (esta cláusula desapareció en el contrato que Haydn firmó en 1779).

“Presentarse dos veces al día en la antecámara para saber si Su Alteza está dispuesta a una audición musical o no.”

“Resolver las diferencias, disputas y quejas que tuvieran lugar entre sus músicos, a fin de que Su Alteza no sea importunada por simples bagatelas.”

“Hacer trabajar a los cantantes a fin de que no olviden en el campo lo que aprendieron con sacrificios y grandes gastos en Viena.”

 

Sala Hayd Esterhazy

Sala Haydn en el Palacio Esterhazy

 

 

OFM

 

La muerte de Nicolás El Magnífico en 1790 y la liberación que eso supuso para Haydn, coincidían con el cambio de la situación social del músico. Él, concretamente, pasó de la condición de criado más o menos distinguido en la corte de los Esterházy, a llegar a actuar como un artista libre en Londres, ya a finales del siglo. En esa época, Haydn estaba únicamente sujeto por sus contratos con un empresario, algo que ocurriría a todos los músicos cada vez más frecuentemente.

De esta manera, la música de Haydn empezó a circular por toda Europa y el compositor comenzó a recibir encargos de aristócratas melómanos de diferentes lugares. Uno de ellos fue José Álvarez de Toledo y Gonzaga (1756-1796), XI marqués de Villafranca y, por su matrimonio con la duquesa de Alba, XIII duque de Alba.

 

José_Álvarez_de_Toledo,_Duque_de_Alba

 José Álvarez de Toledo, marqués de Villafranca y duque de Alba 

Francisco de Goya, 1795 (Museo del Prado)

 

 

 

Ejemplo de aristócrata de la Ilustración española, fue miembro de varias de las nuevas sociedades ilustradas: las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País, como la Bascongada -la primera que se creó en España- y la de Sevilla.

Entre sus aficiones figuraba la equitación y la música, siendo un excelente intérprete de viola. Se reunía para hacer música con el infante don Gabriel, hermano del rey y buen clavecinista, y probablemente con el mismo Carlos IV, aficionado al violín. Bien sabía Álvarez de Toledo que la música ennoblece el alma. Ojalá sus descendientes dediquen parte de su tiempo a disfrutarla.

Desde el decenio de 1780, el duque estuvo en contacto con Haydn a través de su agente en Viena, encargándole numerosas partituras. En el retrato de Goya sostiene un volumen que incluye, según la cuidada inscripción del pintor, “Cuatro Cancs / con Aconp.to de Fortep.º / del S.r Haydn”. Aunque es difícil la identificación de esas canciones, seguramente se trataba de obras recientes de Haydn, como los “VI Lieder beim Clavier zu Singen. Die Musik ist von Herrn Joseph Haydn”, de la editorial Artaria de Viena (Hob. XXVIa: 13-24), de 1784, aunque reeditadas en 1794, o quizá de las “VI canzonettas” inglesas (Hob.XXVIa: 25-30), de 1794, sobre poemas de Anne Hunter.

 

En este enlace podemos escuchar una de esas canciones inglesas sobre texto de Anne Hunter: Canción pastoral, interpretada por la estupenda Elly Ameling, acompañada al piano por Jörg Demus

https://www.youtube.com/watch?v=bCcTC6ELRfI

 

 

OFM

 

 

Otra “canzonetta”, aunque sin palabras, es la que Haydn utiliza en el Andante de su Sinfonía nº 94 en Sol Mayor, estrenada en Londres en 1792 y extraordinario ejemplo de la capacidad de Haydn para sacar chispas a un motivo absolutamente sencillo, que se presenta casi pueril y que, tras una repetición en eco suave, sorprende al auditorio con un golpe de timbal –de ahí la doble e indistinta denominación de “Sorpresa” o “Golpe de timbal” para la sinfonía. Este tema va transformándose de manera deliciosa en una serie de variaciones en las que el compositor manipula los parámetros básicos del discurso musical: las figuras rítmicas, los timbres, la modalidad, los acentos… hasta cerrar con una coda en la que el motivo generador se despide en un esfumado.

 

Podemos escuchar aquí la versión de Georg Solti al frente de la Orquesta Sinfónica de Londrtes:

 

 

Haydn escribió esta sinfonía en la época feliz en que, ya lejos de las ataduras y la insatisfacción que le producía escribir música “conservando las composiciones para el uso exclusivo de Su Alteza”, pasó a actuar como un artista libre en una ciudad ávida de música como ya era Londres.

Parte de este 2º movimiento de esta hermosa sinfonía nos sirvió para iniciar la explicación acerca de la métrica en la sección dedicada a “los colores de la música” en el programa La galería de Radio Euskadi del pasado 16 de noviembre. Se puede escuchar en este enlace:

https://www.eitb.eus/es/radio/radio-euskadi/programas/la-galeria/audios/detalle/6824809/audio-los-colores-musica-la-metrica/

 

OFM

 

Una semana más brindo con los estudiantes de Titulado Universitario en Cultura y Solidaridad de Deusto -y con todas las personas melómanas que quieran sumarse-, por la cercanía que permite la música.

Disfruten de tan beneficiosa y grata compañía.

 

 

Arthur Bliss o el color sinfónico

 

 

Hoy se cumplen 45 años del fallecimiento de Arthur Bliss, uno de los representantes del modernismo musical inglés.

 

 

Arthur Bliss

Arthur Bliss (Londres, 2 de agosto de 1891 – Londres, 27 de marzo de 1975)

 

 

 

La mayor y más importante parte de su catálogo surgió en el periodo posterior a la Primera Guerra Mundial, a cuyas trincheras había llevado su gramófono y sus partituras.

Su inclinación hacia todo lo que tuviera que ver con la modernidad en aquellos primeros años postbélicos, su afilado pero elegante sentido del humor y la sutileza tímbrica y la rítmica incisiva características de su lenguaje,  convirtieron a Bliss en un curioso caso de enfant terrible alejado de las corrientes centroeuropeas y con la mirada puesta en el París de Ravel, del grupo de Les Six o de Stravinsky.

 

Su atracción por las artes plásticas quedaría plasmada en el retrato y el dibujo abstracto que para la portada de A Colour Symphony Op 24 le hiciera el pintor y escritor Wyndham Lewis.

 

arthur bliss a colourful symphony

Portada de Wyndham Lewis para A Colour Symphony

 

 

Esta “Sinfonía Coloreada” es una de sus partituras orquestales más resplandecientes. Su fuente de inspiración hay que buscarla en un libro de heráldica donde el compositor indaga sobre el simbolismo de los colores. Bliss asocia esta simbología a cada uno de los movimientos de la sinfonía.

Fue, estrenada bajo su dirección en el otoño de 1922. En estos enlaces podemos escuchar una versión histórica de la Orquesta Sinfónica de Londres dirigida por Arthur Bliss. Cada persona puede elegir el color que más le atraiga o buscar la comparación entre unos y otros, escuchándolos todos:

 

1º movimiento: “Púrpura” Andante maestoso:     

https://www.youtube.com/watch?v=peOfObtVRh0

 

2º movimiento: “Rojo” Allegro vivace:

https://www.youtube.com/watch?v=AgDG-o4sxa0

 

3º movimiento: “Azul” Gently flowing:

https://www.youtube.com/watch?v=3i3PodPpfAo

 

4º movimiento: “Verde” Moderato:

https://www.youtube.com/watch?v=uT04xX8nIsc

 

 

OFM

 

 

Uno de los rasgos que definen el recorrido intelectual de Bliss es su espíritu polifacético y humanista, que le llevó a interesarse por otras disciplinas artísticas como la pintura o la poesía y que dio como resultado un variado catálogo que reúne partituras para géneros diversos, incluyendo música para el cine, la radio, el teatro y la televisión.

Arthur Bliss (nombrado Sir en 1950 y Maestro de Capilla de la Reina en 1953) fue también profesor en la Universidad de Berkeley, director de orquesta, pianista, crítico musical y director de música de la BBC entre 1942 y 1944. Bliss, opinaba que “en tiempos de guerra, la BBC debía dar especial apoyo y aliento”.

 

Mañana sábado, a eso de las 21:30 hs, en La galería de Radio Euskadi dedicaremos la sección Los colores de la música al querido “Aire libre”, saliendo al jardín, al tan añorado bosque o ahí donde todos podemos asomarnos: la ventana

 

https://www.eitb.eus/es/radio/radio-euskadi/programas/la-galeria/

 

OFM

 

Arthur Bliss opinaba que

“La música se ha escrito para mover todas las facetas del ser humano: física, emocional y mental, y las mejores piezas musicales invariablemente lo consiguen. Cuando escuchamos cualquiera de las obras maestras, ya sea la Misa en Si menor, la Sinfonía Coral o El ocaso de los dioses, no sólo todo el ser humano está sumido en gran tensión sino que en ciertos momentos puede elevarse a unas cotas de inspiración tales que pareciera él mismo el creador de esa música. ”

 

 

Que la dicha y la bienaventuranza que irradia el apellido de Arthur Bliss nos alcance a todos. Disfruten de su música.

 

 

 

 

Beethoven pianista. Concierto para piano nº 3 en do menor Op 37

 

 

Hoy la burbuja de belleza dirigida a todas las personas melómanas -con un guiño especial para aquellas con quienes esta temporada estoy disfrutando de la música y del perfil humano de Beethoven en Ocio Cultural Universitario de la Universidad de Deusto– nos la brinda el Concierto para piano nº 3 en do menor Op 37 de Ludwig van Beethoven.

 

Este es el aspecto que tenía Beethoven en la época en que escribió este concierto:

 

Beethoven hacia 1803

Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770 – Viena, 1827)

Retrato del compositor efectuado por Christian Hornemann hacia 1803 (Beethovenhaus, Bonn)

 

 

 

La versión que podemos escuchar a través de este enlace es de un tándem histórico: Krystian Zimerman al piano y Leonard Bernstein al frente de la Orquesta Filarmónica de Viena:

https://www.youtube.com/watch?v=R1QNhRNxvTI&t=18s

 

OFM

 

El estreno del Concierto para piano nº 3 en do menor de Beethoven mantuvo la tensión hasta el último momento de aquel 5 de abril de 1803 en el Theater an der Wien -teatro en el que vivía su promotor y dueño, el libretista y primer Papageno de La flauta mágica, Emanuel Schikaneder. La causa de la agitación de ese día no fue la comprensible y admitida de una première, sino el hecho de que la partitura estaba incompleta (travesuras de genios). Sin embargo, esto no supuso inconveniente alguno para Beethoven -a la sazón, solista en el estreno- ya que, según testimonio de los presentes, aún sin haber volcado el total de las notas sobre el papel, las proyectaba directamente de su cabeza a sus manos (¡y tanto que genio!).

El concierto fue publicado en Viena 1804 y dedicado al príncipe Luis Fernando de Prusia, cuya ferviente admiración por Beethoven gozaba de cierta reciprocidad ya que el compositor valoraba su formación musical y se la reconoció en alguna ocasión con estas palabras: “No tocáis como un príncipe, sino como un auténtico músico”.

Elaborado a fuego lento, su composición se extendió entre 1800 y 1802, paralelamente a la creación de la Segunda Sinfonía, lo que propició algún comentario característico de la época romántica que señalaba al concierto como el “hermano oscuro” de una “sinfonía clara” y a ambos como la “metáfora artística de doble rostro” de un periodo sombrío en la vida de Beethoven, cuando su mala salud deterioraba su oído como un “demonio envidioso” y le provocaba frecuentes trastornos digestivos. El compositor lo relataba así en una carta fechada el 29 de junio de 1801 y dirigida al médico Franz Wegeler, querido amigo de sus años en Bonn: “Debo confesar que arrastro una existencia lamentable. Hace casi dos años que he dejado de asistir a ninguna reunión social porque, sencillamente, me resulta imposible decir a la gente: ‘estoy sordo’”.

Lo cierto es que, al margen de los comentarios de carácter visual acerca de la dualidad lumínica en la música beethoveniana, este concierto es la única composición orquestal con solista que Beethoven escribió en tonalidad menor, lo cual, sumado a su intención dramática, da testimonio del nuevo camino que estaba explorando el músico por aquellos años, aventura sin precedentes que abrió las compuertas a la torrencial corriente romántica.

 

OFM

 

Pero Beethoven, además de un referente primordial para tantos compositores, fue un hombre cuya actitud vital puede ser ejemplo para muchas personas ya que, incluso en los momentos de crisis aguda en que la enfermedad se cebaba con él y su inamovible estatus social -impermeable al éxito artístico- le alejaba de la fortuna amorosa, manifestaba pensamientos como este: “Agarraré al Destino por el cuello; no ha de aplastarme por completo”.

La inconformidad de Beethoven con su propio sino perverso y una búsqueda de la alegría vital que le hacía exclamar “¡qué delicioso sería vivir mil vidas!”, conducen su pluma en este Concierto desde el do menor del Allegro con brio, oscuro y enérgico en su insistencia, hasta el Rondó final que, pleno de frescura, va aclarando el panorama y guiando nuestra escucha hasta el resplandeciente y rotundo Do Mayor. Pero donde el milagro de la música se transforma en luz diáfana es en el excepcional Largo, cuando el refinamiento en la escritura, los diálogos de las maderas con el solista y la sensibilidad de este hombre excepcional alcanzan una verdadera cumbre musical.

 

OFM

 

El pasado 12 de octubre dedicamos la primera sección “los colores de la música” del programa La galería de Radio Euskadi, al motivo musical. Se puede escuchar en este enlace:

https://www.eitb.eus/es/radio/radio-euskadi/programas/la-galeria/audios/detalle/6755535/audio-elmotivo-musical-/

 

Sin lugar a dudas, en el Concierto en do menor Beethoven demuestra su maestría como arquitecto de la música: basándose en un motivo que engarza con otros, construye edificios sonoros de solidez inigualable. Pero, al mismo tiempo y en una deliciosa paradoja estética, su inspiración infinita convierte la robustez de ese “ladrillo de construcción” en una semilla de esplendor que florece milagrosamente entre los riscos de esta partitura extraordinaria.

Disfruten de tanta energía y belleza.